En tiempos de los militares la Constitución era un adorno y los abogados de antaño la tenían hermosamente empastada, con letras doradas, pero nunca la tocaban, estaba allí, de adorno, como el salmo 23 en las casas donde todos se gritan y se maltratan.

Opinión

¿Y quién defiende la Constitución? ¿Quién podrá defender ahora la Constitución si no es el mismo pueblo para quien fue creada? El problema es que ni de adorno la tienen en la casa, ni siquiera la conocen, nunca la han leído...

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 22, junio 2021 • 12:00 am

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En tiempos de los militares la Constitución era un adorno y los abogados de antaño la tenían hermosamente empastada, con letras doradas, pero nunca la tocaban, estaba allí, de adorno, como el salmo 23 en las casas donde todos se gritan y se maltratan.

De todas las constituciones de abogados viejos, muchos ya muertos, que tuve en mis manos, ninguna estaba subrayada, ni comentada, ni siquiera con concordancias legales.

Llegó la era democrática, se hizo, por enésima vez, una nueva Constitución, pero la misma siguió de adorno hasta que, por primera vez, se escuchó la frase “constitucionalizar la legislación”. Fue como viento freso al abrir las ventanas de una casa abandonada, y como la luz que se desconocía en las habitaciones por mucho tiempo encerradas.

 

¿Qué era eso?

Citaré un ejemplo. Aunque la máxima ley de la República dese 1983 decía que todos los hijos eran iguales ante los padres y que se prohibía todo tipo de apelativo denigrante o que marcara una diferencia, pero el Código Civil pasó lustros antes que fuera modificado y, por lo tanto, todavía se leían en sus páginas sobre hijos de dañado ayuntamiento, los bastardos, los ilegítimos.

Torpes y haraganes como suelen ser los diputados cuando se tratan de cosas que no significan ganancias, no les importó nunca adecuar las leyes secundarias a la norma constitucional.


Un magistrado de la Sala de lo Civil que, de forma muy ocurrente -recibiendo yo clases de Civil II-, señalaba de forma tan fresca, que daba hasta escalofríos (y hablo de 1993, o sea, 10 años después de la proclamación de la Carta Magna), que no era necesario cambiar el Código Civil, porque los hijos eran iguales ante los padres, es decir, los legítimos eran iguales entre sí, y los ilegítimos eran iguales ante sí, para con los padres. ¿Cuál era el problema? ¡Jesús de la misericordia!

En otro aspecto, la Constitución dice que nadie puede ser privado de sus derechos sin haber sido previamente oído y vencido en juicio, o sea, lo que conocemos como el debido proceso, pero centenares de personas eran sancionadas sin haberles dado el derecho a defenderse, verbi gratia, juzgados de policía, multas municipales, sanciones tributarias, etc.

Una de las consecuencias directas de constitucionalizar las leyes fue eliminar los juzgados de policía en los cuales se realizaban todo tipo de abusos, privando a los más desposeídos de su libertad, por el puro capricho de la parejita de guardias o de la famosa choricera, y se les ponía en libertad si pagaban por ello.

Esos juzgados desaparecieron precisamente porque su sola existencia era inconstitucional.

Sería largo contar y recontar sobre todas aquellas leyes, procedimientos e instituciones que no estaban acorde a la Constitución.

Ésta no es un adorno, es la base de todo nuestro sistema, y para llegar a ella se derramó mucha tinta y mucha más sangre en todo el mundo y a lo largo de la historia.

Ahora resulta que, después de todo eso, tenemos un emir que quiere posarse por encima de la Constitución, y a la gente eso le hace chiste.

La ignorancia en ciencias políticas, en particular la historia de las ideas políticas, causa estragos en los países y, sumado a ello, partidos tradicionales ineptos y cleptómanas que decepcionaron a todos, todavía más.

Ningún dictador o populista surge después de buenos gobiernos, escuché por allí, y me parece tan acertado como para que no se les olvide que estamos donde estamos por culpa de ARENA y el FMLN. Y el pueblo, en las urnas, se lo restregó en la cara, sobre todo a los exguerrilleros dejándolos con cuatro pírricos curules.

¿Quién podrá defender ahora la Constitución si no es el mismo pueblo para quien fue creada? El problema es que ni de adorno la tienen en la casa, ni siquiera la conocen, nunca la han leído, y mucho menos nunca nadie se tomó la molestia de explicárselas. El pueblo solo vio como la violaban una y otra vez.

No lloremos ahora, pues, por la ignorancia en la que quisieron aquellos mantener a la gente. Ni nos extrañemos, tampoco, de que no entiendan el grave daño que se le está haciendo a la República.