El futuro de nuestro país tiene que ver con dos elementos de mucha importancia en toda dinámica social y de desarrollo: la voluntad y la inteligencia. Nuestro futuro será mejor o peor dependiendo de la capacidad que tengamos para empezar a solucionar problemas.

Opinión

Voluntad e inteligencia (I)

Antonio Martínez-Uribe / Sociólogo-Politólogo

jueves 28, diciembre 2017 • 12:00 am

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El futuro de nuestro país tiene que ver con dos elementos de mucha importancia en toda dinámica social y de desarrollo: la voluntad y la inteligencia. Nuestro futuro será mejor o peor dependiendo de la capacidad que tengamos para empezar a solucionar problemas.

Por un lado tenemos la voluntad, es decir el deseo de hacer las cosas, la determinación firme de actores políticos de progresar en un determinado proceso de democracia, seguridad y desarrollo humano. Si examinamos nuestro pasado y contemplamos hasta donde hemos llegado, clara queda la evidencia de que la voluntad de hacer, o bien el choque de voluntades de personajes o grupos influyentes, aparecen constantes en cada página. Y si algo terrible tiene el sistema democrático es el grado de institucionalización que existe en las campañas electorales para la organización sistemática y racional de la confrontación entre voluntades e inteligencias representadas por los diferentes partidos, con el agravante de que la inteligencia y la voluntad de la inmensa mayoría de la población no aparecen.

La voluntad integra la determinación de alcanzar objetivos. La inteligencia, como componente básico de la capacidad, nos permite contar con el recurso para estudiar los fenómenos, profundizar en ellos, nos habilita para diseñar la forma para alcanzar los objetivos o metas y los medios para realizar un proyecto. En otras palabras, podemos tener la actitud de llevar adelante una idea pero no tener la aptitud para saber hacerlo. O, tener el know how pero no tener la voluntad necesaria para que esos objetivos sean alcanzados.

La voluntad es central porque en términos de un proceso como el desarrollo humano, éste tiene que ver con enfrentarse a situaciones complejas o a intereses frecuentemente muy poderosos de cara a los cuales debemos tomar decisiones. En el juego político del poder, no tener la voluntad de tomar las decisiones trascendentes para la vida nacional, aún a pesar de tener la inteligencia estratégica, la información, programas y planes definidos para enfrentar problemas globales, sectoriales o coyunturales, genera graves consecuencias políticas. De cara a los conflictos actuales y potenciales hay que actuar con muy buena voluntad, sabiduría y en el tiempo oportuno.

 

II


Necesitamos gobernabilidad democrática para progresar en el proceso de seguridad y desarrollo nacional? Si la respuesta es sí, entonces el siguiente momento es el saber cómo hacerlo, algo íntimamente ligado a nuestra inteligencia, a la ciencia, la tecnología, valores culturales, situación histórica y contexto. El éxito del proceso está menos relacionado con la defensa de posturas ideológicas o partidarias, antes bien, tiene una alta conexión con la inteligencia politica ineludible para encontrar soluciones científico-técnicas y con la voluntad para ponerlas en práctica, y en esto tienen mucho que ver los académicos y profesionales.

Hemos visto en la historia de nuestro país y del mundo que existen intelectuales orgánicos que sirven solamente para fortalecer y argumentar en favor de las posiciones de los sectores políticos. Y es ingrato darse cuenta que en tiempos electorales encontramos profesionales que, a cambio de alcanzar algún beneficio personal, comprometen su talento para tratar de convencer que tal o cual candidato es el mejor, aun a pesar de que no estén convencidos de ello. Mas bien son propagandistas.

Hoy hay que plantearse el problema de como identificar aquel pensador, aquel académico, aquel técnico que está realmente preocupado por los problemas internacionales y nacionales. Aquellos que, decepcionados de los partidos, tienen deseo de cambio, tienen conciencia y vocación de nación. Estos, hoy quizás más que nunca antes, deben jugar el importantísimo papel de ser conciencia crítica, componente fundamental del futuro democrático de la nación salvadoreña y centroamericana, hacia las injusticias del poder establecido.