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El Mundo

Vicepresidenta de Nicaragua estuvo al frente de represión Una serie de correos electrónicos filtrados indican que la represión a las protestas en Nicaragua estuvo a cargo de la esposa del presidente Daniel Ortega.

Redacción Internacional

sábado 24, noviembre 2018 • 12:00 am

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El pasado 20 de abril Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua y esposa del presidente Daniel Ortega, ordenó a los secretarios políticos del Frente Sandinista en las instituciones públicas del país la “toma inmediata”, por los funcionarios del Estado y simpatizantes del partido, de los puntos más importantes de Managua para contrarrestar las protestas que exigían el fin del gobierno sandinista, así los publicó ayer el diario El País de España.

Una serie de correos electrónicos a los que han tenido acceso medios locales e internacionales, muestran que la respuesta inicial a la crisis la dirigió Murillo, quien se autoproclamó como secretaria general del FSLN y prácticamente asume las funciones de presidenta.

El 19 de abril Murillo ordenó a los secretarios políticos del FSLN, a través de sus correos, que se reunieran en Managua para planificar la estrategia a seguir frente a las manifestaciones.
Esa reunión se realizó en el Parque Japón de Managua en horas del mediodía y en ella participó Fidel Moreno, secretario de la Alcaldía capitalina y leal operador de Murillo.

Ligia Gómez, exgerente de Investigaciones Económicas del Banco Central de Nicaragua y secretaria política del FSLN en esa institución, dijo en una entrevista exclusiva con el periodista Carlos Fernando Chamorro que la orden de la vicepresidenta fue: “Vamos con todo”, en relación a reventar las protestas, “la orientación que recibimos de él (Fidel Moreno) en la reunión fue ‘vamos con todo, no vamos a dejar que nos roben la revolución’”, explicó Gómez.

De ahí se desprendieron una serie de órdenes que incluían la movilización permanente de los trabajadores públicos, así como activar la propaganda del Estado. Los correos de Murillo muestran cómo las protestas tomaron por sorpresa al gobierno, que intentó convencer a los trabajadores públicos y sus bases de que mantenía el control de la situación.