La humanidad entera se encuentra inmersa en una severa crisis epidemiológica, silenciosa pero fatal, que ha trastornado el ciclo normal de la sociedad humana para realizar sus actividades mercantiles, educativas, laborales, etcétera. El temor razonable, el encierro obligatorio y el aislamiento social, así como la toma de medidas urgentes de higienización y desinfección, uso de mascarillas y guantes protectores, caminar en las urbes con mucha más cautela que en tiempos normales, son solo un conjunto de actividades que, de una manera u otra, han afectado nuestra membrana sociopsicológica que, con el pasar de las semanas, podrían ocasionar traumas psicológicos severos, o trastornos conductuales indeseables, a menos que echemos mano a sanos consejos  de orientación adecuada, que nos permitan sobrellevar serenamente esta etapa crítica de la pandemia que azota al mundo moderno.

Opinión

Unidad familiar es básica

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

sábado 28, marzo 2020 • 12:00 am

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La humanidad entera se encuentra inmersa en una severa crisis epidemiológica, silenciosa pero fatal, que ha trastornado el ciclo normal de la sociedad humana para realizar sus actividades mercantiles, educativas, laborales, etcétera. El temor razonable, el encierro obligatorio y el aislamiento social, así como la toma de medidas urgentes de higienización y desinfección, uso de mascarillas y guantes protectores, caminar en las urbes con mucha más cautela que en tiempos normales, son solo un conjunto de actividades que, de una manera u otra, han afectado nuestra membrana sociopsicológica que, con el pasar de las semanas, podrían ocasionar traumas psicológicos severos, o trastornos conductuales indeseables, a menos que echemos mano a sanos consejos  de orientación adecuada, que nos permitan sobrellevar serenamente esta etapa crítica de la pandemia que azota al mundo moderno.

Fuera de las medidas de higiene preventiva a nivel personal u hogareño, y las labores de desinfección y saneamiento en el rango institucional (que ahora han denominado con el vocablo horrible de sanitización), es recomendable que hagamos esfuerzos  por crear y mantener viva la unidad familiar, como la base primordial de que todos en los hogares tengan espacios de recreación, meditación serena, aprovechamiento del tiempo libre (hoy de sobra) y un momento crucial y profundo para la oración en grupo que, en conjunto, producirá además de tranquilidad emocional, un descanso a nuestra mente, distrayéndonos sanamente para no estar pensando mucho en la tragedia, que hoy se moviliza alrededor del planeta con efectos aterradores.

Nuestra primera línea de atención debe ser dedicada a los niños y ancianos enfermos. Recortar figuras, hacer “rondas” en un espacio de la casa, cantar, pintar dibujos, narrar cuentos, recrear juegos sencillos, realizar danzas con música de discos, ver películas apropiadas a su edad, etc. y a los segundos, prepararles algún té o su tacita de café amargo, cocinarles sopas preparadas, o hacerles purés ricos en vegetales y pastas, jugos naturales (si es posible), sacarlos un rato al corredor o patio, en fin, que el anciano sienta en su alma que lo cuidan y  estiman, lo cual incluye sostener pequeñas conversaciones sobre su pasado, siempre que las condiciones de salud así lo permitan.

Un consejo final sería evitar al máximo pláticas o comentarios sobre la pandemia del Covid 19, cuando estemos los adultos frente a los niños y personas enfermas y, eso incluye, no ver noticias en televisión u oírlas por radio, cuando ellos están despiertos. Tengamos esa misma precaución cuando hablemos por teléfono con amigos o parientes, para no crear temores psicológicos en los niños, mucho menos, demostrarles que tenemos miedo, ponernos a llorar, etcétera. Serenidad y fe en Dios son necesarias hoy más que nunca, por fuertes que sean las presiones socioambientales del momento, así como las condiciones de riesgo viral, ante las cuales nos enfrentamos cotidianamente.

En otro nivel, este es el momento de la cooperación intrahogareña. Tanto los esposos en si, como sus hijos mayores si los hubiere, o familiares allegados  en buen estado de salud, deben coordinar tareas sencillas de limpieza hogareña (guardando indicaciones sanitarias), limpieza de ropa, confección de alimentos, y lo esencial, disponer un momento propicio para una tertulia familiar, mientras se escucha música predilecta y por las noches, antes de acostarse al reposo diario, elevarnos todos en oración al Hacedor supremo, agradeciéndole mantenernos libres del contagio, orar por la recuperación de los enfermos del mundo entero y depositar nuestra confianza que Él hará que pronto termine esta pesadilla global. Evitar discusiones sin sentido, mantener armonía conyugal, leer un buen libro, escribir poemas, hacer dibujos, en fin, tratar de hacer, en pequeño, las grandes cosas que solemos realizar en un tiempo normal y sin peligro. Para quienes degustan de una copita de vino sin excederse, que lo hagan de este modo. El exceso alcohólico no es recomendable ni conveniente en esta etapa crucial, cuando sabemos que el virus anda circulando en el territorio nacional, según informes oficiales. Mantengamos fe y confianza. Reafirmemos, hoy más que nunca, la unidad y la solidaridad en familia. Paz para todos.