Editorial

miércoles 30, septiembre 2020 • 12:00 am

Una misión difícil y sumamente exigente en EE.UU. Ser embajador en Estados Unidos es una labor compleja y muy delicada, especialmente en estas circunstancias.

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Estados Unidos está entrando en la etapa final de su proceso electoral y un cambio de presidente es una posibilidad real en noviembre próximo. En medio de este contexto, el gobierno salvadoreño ha nombrado una nueva embajadora en aquel país, una dura tarea en estos momentos tan complejos.

Los desafíos son inmensos, la futura embajadora Milena Mayorga deberá atender a una poderosa diáspora salvadoreña que tiene a un cuarto de millón de ellos en incertidumbre debido a la finalización del TPS.  De manera que parte de su tarea ardua será cabildear permanentemente ante congresistas y senadores sobre los intereses de los salvadoreños y de El Salvador.

Precisamente esa gestión política también incluye tratar con esos legisladores críticos sobre la situación actual de El Salvador. Muchos de esos legisladores son personajes claves en materia de relaciones exteriores, inmigración o presupuestos de ayuda al exterior.

Ser embajador en Estados Unidos es una labor complicada, compleja y muy delicada. Hay aspectos no solo migratorios, sino políticos, comerciales, de derechos humanos, de combate al crimen organizado, de alianzas bilaterales y multilaterales, e incluso de gestiones financieras ante organismos internacionales. Hay que cuidar muchos aspectos y atender a muchos sectores, no solo al Ejecutivo estadounidense. De manera que la señora Mayorga necesitará un equipo que refuerce una misión por demás difícil y sumamamente exigente.