Joaquín, era hiperactivo, jovial, bromista y le gustaba jugar basquetbol. Hijo de un conocido político de la década de los 80, había sido diagnosticado con esquizofrenia paranoica. Cuando le conocí, tenía cinco meses de haber sido ingresado en el hospital psiquiátrico. Yo hacia mi internado en psiquiatría. Aquí me siento seguro, me dijo alguna vez.

Opinión

¿Un tratamiento o una tortura?

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

miércoles 14, abril 2021 • 12:00 am

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Joaquín, era hiperactivo, jovial, bromista y le gustaba jugar basquetbol. Hijo de un conocido político de la década de los 80, había sido diagnosticado con esquizofrenia paranoica. Cuando le conocí, tenía cinco meses de haber sido ingresado en el hospital psiquiátrico. Yo hacia mi internado en psiquiatría. Aquí me siento seguro, me dijo alguna vez.

En mi casa, “los agentes de la CIA me persiguen continuamente, no me dejan en paz, y eso me da miedo”. Cada día por la mañana, al comenzar mi turno de trabajo, revisaba los expedientes de mis pacientes. Al revisar su expediente ese día, encontré la siguiente nota del psiquiatra encargado de su caso. Paciente del sexo masculino, con diagnostico de Esquizofrenia paranoica, programado para electroshock este día a la 1 pm. Bromeando y sonriendo, acompañe a Joaquín a la sala de electroshocks.

Un cuarto sombrío, pequeño, con una mesa de metal en el centro, de la cual colgaban seis sendas correas de cuero con hebillas. Lo que parecía ser un aparato eléctrico, con largos cables gruesos reposaba al lado de la mesa metálica. Un médico y dos enfermeros nos esperaban dentro de la habitación. Joaquín, fue invitado a reposar en la mesa de metal, inmediatamente gruesas cinchas lo inmovilizaron. Cabeza, brazos y pecho, muslos y pantorrillas, fueron atravesados de lado a lado. Dos electrodos al costado de la cabeza, colocados sobre el cuero cabelludo de Joaquín, que al conectarse pasaron una corriente eléctrica por su cerebro. Una corriente lo suficientemente fuerte como para inducirle una crisis epiléptica.

Nunca se me olvidará el sonido de la descarga eléctrica, como un zumbido penetrante y monótono, seguido de una convulsión al inicio espástica, donde cada uno de los músculos del cuerpo de Joaquín experimentaron una contracción tan fuerte y dolorosa, que lo hicieron emitir un bufido tenebroso, salido de las entrañas mas profundas de su garganta. Esta contracción dolorosa y espástica, fue seguida por una convulsión, con miles de rápidas contracciones y relajaciones de sus 650 músculos. Con sus órbitas oculares completamente en blanco, chorros de saliva caían de las comisuras de sus labios. Un espectáculo dantesco, que de alguna manera me hizo sentir lo primitivo de mi profesión.

La terapia electroconvulsiva (TEC), también conocida como terapia por electrochoque, en uso durante más de 80 años, es una de las terapias psiquiátricas más antiguas, aunque aún está rodeada de estigma y controversia. Esta terapia utilizada en psiquiatría para el tratamiento de la depresión profunda y otras enfermedades mentales como la esquizofrenia, fue introducida por el neurólogo italiano, Ugo Cerletti, en 1938. La idea le nació al observar en mataderos de cerdos, como estos luego de una descarga eléctrica quedaban totalmente tranquilizados.

Su teoría, “con esta técnica se podrían limpiar las mentes de los enfermos para que vuelvan a empezar de cero, imprimiéndoles una nueva personalidad”. Como recoge una pieza del escritor argentino Dario Cavacini: demasiada coincidencia que el electroshock fuera inventado en uno de los periodos mas oscuros de la historia de Italia: el fascismo de Mussolini. Esta terapia, aun utilizada en nuestros tiempos, nació de experimentos en humanos, en tiempos de Hitler y Mussolini. La “campana de cristal” de la celebre escritora Sylvia Plath, quien fue sometida a innumerables sesiones de electroshock para tratar su depresión. Durante los años 50, este tipo de tratamiento fue utilizado de manera coercitiva para tratar la rebeldía en la mujer y la homosexualidad. Castigar las conductas que no son normativas, de poblaciones exentas de derechos. El mismo Jack Nicholson lo sufrió, durante la filmación de “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975), cuando el actor personifico a un hombre subversivo y libre.


En nuestros días, la medicina ha evolucionado, y sus tratamientos requieren evidencia científica de sus beneficios. El TEC, se sigue utilizando. Apenas son 4 segundos que dura la descarga eléctrica en el paciente, que permanece en anestesia general durante todo el proceso. Mientras una gran computadora monitorea su actividad cardiaca y cerebral para personalizar la terapia y evitar efectos secundarios. El TEC es hoy un tratamiento completamente normal que no se parece en nada a lo que era en mi internado. Su uso, ya no es para castigar, sino curar.