“He llorado ver pasar entierros a cualquier hora del día y la noche frente a mi casa. A veces sólo un vehículo atrás del féretro, en muchas ocasiones sin una flor. A veces despacio como no queriendo llegar al cementerio y en ocasiones rápido, pero siempre el mismo dolor. Mi Nicaragua, mi Estelí cómo dueles”. Así se expresaba un ciudadano nicaragüense ante la descomunal ola de infecciones por COVID-19 que actualmente afecta a nuestro hermano país. Sin embargo, el gobierno de dicho país, desde hace mas de seis meses únicamente reporta una muerte por semana.

Opinión

Un tratado internacional para la prevención y preparación de pandemias

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

lunes 4, octubre 2021 • 12:00 am

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“He llorado ver pasar entierros a cualquier hora del día y la noche frente a mi casa. A veces sólo un vehículo atrás del féretro, en muchas ocasiones sin una flor. A veces despacio como no queriendo llegar al cementerio y en ocasiones rápido, pero siempre el mismo dolor. Mi Nicaragua, mi Estelí cómo dueles”. Así se expresaba un ciudadano nicaragüense ante la descomunal ola de infecciones por COVID-19 que actualmente afecta a nuestro hermano país. Sin embargo, el gobierno de dicho país, desde hace mas de seis meses únicamente reporta una muerte por semana.

Así es señores, el país con el menor número de casos y muertes de toda Latinoamérica, de acuerdo con los datos reportados por su gobierno. El mundo entero sabe, con entera certeza, que esos datos son una burda y cruel mentira de la realidad nicaragüense. Pero todos callamos. Las agencias multilaterales callan, las agencias bilaterales callan, el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) calla, las agencias no-gubernamentales internacionales (ONGs) callan.

Siempre he criticado la falta de inequidad que existe en nuestro planeta, evidenciado por la falta de equidad en la distribución de las vacunas.  Pero esto, que está pasando en Nicaragua, ante nuestros ojos y que nos quedemos callados, no tienen nombre señores. Que países y sus gobiernos manipulen sus datos oficiales sobre la pandemia del coronavirus no solo es un atentado contra la seguridad física de un pueblo, sino un atentado contra los países vecinos. El mundo necesita, y se merece, una restructuración profunda de las agencias multilaterales que tienen como mandato la seguridad de los países. Gobiernos, en periodo de emergencia sanitaria mundial, tienen que responder legal y humanitariamente a las necesidades de sus poblaciones internas y externas.

La respuesta a la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto las graves limitaciones de la normativa sanitaria internacional (IHR por sus siglas en ingles) y de las capacidades institucionales de los organismos multilaterales. Un panel internacional independiente ha señalado algunas de las debilidades que actualmente sufre la normativa internacional sanitaria, entre ellos:

 

  1. La incapacidad de la OMS para verificar de forma independiente los informes estatales.
  2. Débiles mecanismos de cumplimiento de la OMS para hacer cumplir las obligaciones de la normativa sanitaria internacional y sus propias recomendaciones.
  3. La falta de poder de la OMS para monitorear, investigar y remediar las acciones perjudiciales.
  4. Insuficiente transparencia e intercambio internacional de datos científicos.
  5. Falta de cooperación mundial, especialmente en la asignación equitativa de vacunas y otros recursos médicos.

El 30 de marzo de 2021, los jefes de Estado de 26 países, junto con el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el presidente del Consejo Europeo, pidieron un tratado internacional sobre preparación y prevención de pandemias. Este nuevo tratado en desarrollo otorgaría poderes ejecutivos a la OMS, para, entre otros, a través de mecanismos de control, inspección, y cumplimiento, asegurarse que los países están cumpliendo con las normas fundamentales de contención, además de verificar de forma independiente los informes estatales, publicar datos cruciales sobre los brotes sin la confirmación del Estado, investigar nuevos brotes de enfermedades infecciosas, e instituir medidas correctivas. Otras áreas para la prevención de pandemias estarían relacionadas con enfermedades zoonóticas, fortalecimiento de sistemas de salud, y equidad doméstica e internacional en el acceso a medicamentos y vacunas.


Esta nueva pandemia que actualmente sufrimos ha resaltado prominentemente la ausencia de solidaridad entre países, cuando un evento sanitario de esta magnitud nos ataca a todos por igual. Todas las naciones ricas, con tradición bilateral como los Estados Unidos y países europeos, se preocupan primeramente en satisfacer sus necesidades internas, y luego si sobra, compartir con sus aliados. Otras naciones, ya sea por sistemas débiles de vigilancia sanitaria, o por manipulación de información por razones políticas, han sufrido graves vacíos de información como lo han demostrado países en Centroamérica. No es de extrañarse que algunos líderes centroamericanos ahora estén hablando de   “obsolescencia” del sistema de Naciones Unidas y anunciando que el país “irá por un nuevo camino, el camino hacia el desarrollo”. Más pareciera que lo que molesta es tener que rendir cuentas.