Al arribar a mis ocho décadas de vida, es justo que quienes ya olemos a ciprés dirijamos un mensaje de vida y trabajo, pleno de entusiasmo y esperanza, a las nuevas generaciones que seguirán recorriendo el sendero de vida y trabajo que, a nuestra vez, caminamos lo que hicieron nuestros padres. Sin saber que mis abuelos fueron maestros, mi primera opción profesional fue el magisterio que cursé durante tres años en la hoy desaparecida Escuela Normal Central de Varones “Alberto Masferrer”, situada en un predio arbolado hoy contiguo a la Universidad de El Salvador y trasformada en oficina educativa.

Opinión

Un testimonio de vida y trabajo

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

jueves 20, agosto 2020 • 12:00 am

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Al arribar a mis ocho décadas de vida, es justo que quienes ya olemos a ciprés dirijamos un mensaje de vida y trabajo, pleno de entusiasmo y esperanza, a las nuevas generaciones que seguirán recorriendo el sendero de vida y trabajo que, a nuestra vez, caminamos lo que hicieron nuestros padres. Sin saber que mis abuelos fueron maestros, mi primera opción profesional fue el magisterio que cursé durante tres años en la hoy desaparecida Escuela Normal Central de Varones “Alberto Masferrer”, situada en un predio arbolado hoy contiguo a la Universidad de El Salvador y trasformada en oficina educativa.

Nuestro uniforme era un pantalón “kaki”, camisa blanca de mangas cortas, corbata y zapatos negros; una cuadra al poniente más arriba estaba la Escuela Normal de Señoritas “España”, de estricto vestido blanco que llegaba abajo de las pantorrillas.

De esas escuelas se formaron varios matrimonios honorables. Inspirado por nuestra maestra de psicología Educativa, Salvadora Tijerino Rizo, una excelente profesional nicaragüense, al terminar mis estudios magisteriales, opté por cursar tal carrera pasando buen parte de mi vida profesional en el hoy Hospital Psiquiátrico Dr. José Molina Martínez, uno de mis inolvidables mentores y apoyos. Asimismo, laboré en varios centros educativos oficiales y privados, incluyendo las universidades de El Salvador y Francisco Gavidia, fundador y jefe de prensa de ANSP y otras.

Temprano de mi juventud comencé a laborar a medio tiempo en el periodismo informativo y reportajes diversos, incluyendo la vida y obra de deportistas, literatos, etc. Junto con el maestro y escritor Luis Galindo mantuvimos, por años, el suplemento semanal “La Salamandra de oro” en Diario EL MUNDO, donde dimos cabida a nuevos valores que hoy son poetas,pintores, y escritores famosos.

Gracias a la Universidad Francisco Gavidia publicaron mi manual sobre Filosofía del Derecho y la Universidad Gerardo Barrios, de San Miguel, editó mi biografía del capitán general Gerardo Barrios que intitulé “Epopeya del Gran Coquimbo”.

Traigo a cuentas esta corta narración como un recordatorio a las nuevas generaciones que el interés, el estudio, la disciplina y la buena conducta deben ser las brújulas que guíen la vida, debido a los achaques de mi edad avanzada dejo este mensaje de esperanza para que la juventud lo tome de ejemplo y bandera para seguir el camino del progreso y la libertad de nuestra amada patria.


Dios les bendiga mucho. Y aunque ya no escribiré columnas seguiré amablemente el decurso de las noticias y acontecimientos en este respetable y veraz medio.

Hasta luego, amigos lectores, colegas redactores y apreciables columnistas.