Recientes mediciones de diferentes encuestadoras proyectan una realidad sociopolítica innegable: partidos y liderazgos tocaron fondo. La mayoría de encuestados muestra animadversión hacia la clase política y cúpulas partidarias. La desconfianza hacia los partidos tradicionales es seria porque ellos mismos han dinamitado su solvencia y credibilidad, como interlocutores válidos entre la sociedad civil y la sociedad política. Partidos grandes y chicos están por los suelos. Solo podrían levantarse si sus dirigencias ceden sus puestos a sangre joven, honesta, patriótica y capaz.

Opinión

Un peligroso vacío de liderazgo

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 12, junio 2017 • 12:00 am

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Recientes mediciones de diferentes encuestadoras proyectan una realidad sociopolítica innegable: partidos y liderazgos tocaron fondo. La mayoría de encuestados muestra animadversión hacia la clase política y cúpulas partidarias. La desconfianza hacia los partidos tradicionales es seria porque ellos mismos han dinamitado su solvencia y credibilidad, como interlocutores válidos entre la sociedad civil y la sociedad política. Partidos grandes y chicos están por los suelos. Solo podrían levantarse si sus dirigencias ceden sus puestos a sangre joven, honesta, patriótica y capaz.

El soberano dictó sentencia: la mayoría de encuestados (63.4%) no quiere que los que están en el poder sigan. Pero otros (68.1%) tampoco desean que los que quieren volver, lo hagan. Así de simple y entendible es reflejado en la última encuesta del IUDOP-UCA.  Semejantes porcentajes evidencian que el liderazgo al interior de los dos partidos mayoritarios se sostiene en sus votos duros y fanáticos. De ahí lo peligroso del asunto.

A nivel continental, la periodicidad del péndulo político oscila cada cuarto de siglo aproximadamente. Los militares empujaron ese péndulo al desplazar del poder formal a una oligarquía que siguió mandando. Algunas guerrillas actuaron, al tiempo que gobiernos civiles y conservadores movían a los militares, junto a su fraude, represión e imposición. Después vino la participación política de la izquierda amorfa del nuevo siglo, que volvió a empujar el péndulo para arrebatar el poder mediante el voto democrático a los gobiernos neoliberales, gracias a que éstos borraron de su agenda lo socia y se dedicaron a privatizar y hacer negocios desde el Estado. Pero la izquierda, una vez en el poder, siguió los pasos de la derecha corrupta y hoy paga la factura.

A nivel nacional, la vieja derecha mercantilista sigue el guion de Gene Sharp para desplazar al socialismo populista e inepto del nuevo siglo. La añeja izquierda ortodoxa se reacomoda. Al amparo de su “revolución democrática” sus viejos líderes no ocultan intenciones de copar las instituciones hasta alcanzar el “poder total” e instaurar un modelo económico y social que solo Dios sabe qué es. Lo que sí se sabe es que el gran empresariado, los grandes medios de comunicación y la institucionalidad judicial/ fiscal son sus “enemigos”.

Todo ese proceso entre derechas e izquierdas, ha dejado a varios presidentes bajo la sombra. No la sombra del merecido descanso después de un retiro digno, sino la de la cárcel. Todos han dejado un legado que hace que Latinoamérica exhiba su propia “galería de truhanes”, que después de su paso por las instituciones, caen presos o huyen. Algunos, siguiendo el torpe consejo de sus partidos. Otros, ya trascendieron a otra dimensión espiritual, pero sus bienes aquí se quedaron y están siendo extinguidos.

Siendo El Salvador un caso especial de “corrupción generalizada” (John Kerry, EDH,14-04-16), no es casual que un impresionante 96.6%  de encuestados esté de acuerdo con una CICIES. La ausencia de líderes sensatos, confiables, capaces y honestos, tiene mucho que ver en todo esto.


Las últimas encuestas recogen la frustración ciudadana por la forma y resultados del ejercicio del poder por los políticos. De ahí la paupérrima calificación hacia el gobernante (4.79) y el pésimo trabajo de la oposición política obstruccionista, que impulsa a un 64.7 % de ciudadanos a gritar: ¡Es necesario que exista otro partido de derecha, distinto a los ya conocidos!.

Concluyo. 1º) Hay un vacío en nuestro liderazgo político. 2º) El abstencionismo hará que el voto duro termine eligiendo diputados y alcaldes en el 2018.  3º) Es posible que para el 2019 emerjan un par de líderes mesiánicos, carismáticos, taimados, de voz suave, con discursos conciliadores y pacifistas y con recursos suficientes, pero ambos con “proyectos autoritarios” bajo la manga. 4º) No deberían descartarse fraudes electorales a favor de una izquierda desesperada e impopular. 5º) Si los partidos pequeños se dejan absorber por las extremas políticas, acelerarán su proceso de extinción. 6º) Los movimientos cívicos debería unificarse.