Su marido regresó pronto, acompañado de la matrona del pueblo. Habían pasado cuatro horas desde que rompió la fuente, las contracciones habían comenzado, pero eran aún no muy fuertes y con intervalos largos. La matrona corroboró que era un trabajo de parto que apenas iniciaba, así lo pensó y así lo comunicó a ambos. Me parece que esto va para largo, les dijo. Acuéstese del lado izquierdo, y póngase a caminar de vez en cuando, yo me voy a casa y regreso en una hora, le dijo la matrona.  Dos horas más tarde regresó, el trabajo de parto continuaba igual, contracciones suaves, no muy dolorosas, y separadas por intervalos largos.

Opinión

Un parto en el cantón Casi 300 mil mujeres mueren durante y después del embarazo y el parto cada año. 94 de cada 100 de estas muertes se produjeron en países pobres, y la mayoría podrían haberse evitado.

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

jueves 28, octubre 2021 • 12:00 am

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Su marido regresó pronto, acompañado de la matrona del pueblo. Habían pasado cuatro horas desde que rompió la fuente, las contracciones habían comenzado, pero eran aún no muy fuertes y con intervalos largos. La matrona corroboró que era un trabajo de parto que apenas iniciaba, así lo pensó y así lo comunicó a ambos. Me parece que esto va para largo, les dijo. Acuéstese del lado izquierdo, y póngase a caminar de vez en cuando, yo me voy a casa y regreso en una hora, le dijo la matrona.  Dos horas más tarde regresó, el trabajo de parto continuaba igual, contracciones suaves, no muy dolorosas, y separadas por intervalos largos.

-“Esto no progresa”, dijo. Sacó su celular, y llamó al médico del centro de salud, explicándole la situación. Afuera, la lluvia arreciaba, el olor a tierra mojada inundaba el ambiente, ayudada por un viento que agradablemente había disminuido el calor. La casa ya se encontraba rodeada por sendos charcos y lodazales, los árboles bailaban en unísono al silbido del viento, Gabagaba Nonoa….

Eran las dos de la tarde, y pronto la tarde caería volviendo el transporte más difícil. La matrona, quitándose el celular de la oreja, dijo, esto no progresa, ya rompió fuente y no me gustaría que pasara la noche aquí, creo sería mejor nos fuéramos al centro de salud, antes que la noche caiga. El marido asintió con la cabeza, en señal de aprobación y suspirando profundamente, dijo, prepárate “mama”, voy fuera a preparar la motocicleta. La lluvia le acariciaba el rostro, era una sensación agradable. A la “mama” le gustaba salir del cantón y visitar el pueblo, le gustaba la sensación de protección que sentía al sentir el calor de su marido tan cerca, recordaba cómo le gustaba apoyar su cara sobre la espalda de él, mientras este conducía la moto. Que paz la inundaba en esos trayectos que tantas veces había tomado con su marido. Extrañamente, no se sentía nerviosa, ya estaban cerca del pueblo, y tenía esperanza que el médico del centro la ayudaría a traer su bebe con fuerza a este mundo. Confiaba en el sistema, confiaba en su matrona, confiaba en su marido, su dios, su todo….

Eran las nueve de la noche, el grito agudo, más bien un aullido, despertó a la matrona. Se levantó angustiada y corrió donde la recién parida, la encontró en un charco de sangre, todavía con el suero en vena, en esos momentos también el médico, que no había asistido el parto ni monitoreado el trabajo de parto, aun a pesar de tratarse de una inducción con oxitocina, corrió. Al llegar se encontró con un espectáculo dantesco, la “mama” con la mirada pálida y perdida, era asistida por un par de matronas, pálidas ambas también y desesperadamente tratando de hacer algo sin saber más bien que. Esta mujer está chocada, gritó el médico, rápido más suero…los segundos pasaron, volviéndose una eternidad.

¡Rápido señor! ¡dijo una de las matronas, necesito sacarle sangre! El marido confundido corrió siguiéndola, que pasaba, pensó nerviosamente, ¿qué pasa? ¿Qué pasa? Los segundos pasaron, volviéndose una eternidad, los suspiros nerviosos, se convirtieron en quejidos, y estos en un nudo, un nudo inmenso que le impedía tragar, la boca reseca, los ojos nublados por las lágrimas…los segundos pasaron, volviéndose una eternidad.

Eran las nueve de la noche, en el cantón, dos niñas de 2 y 4 años quedaban huérfanas de madre, no lo sabían todavía. Años después comprenderían que su vida había cambiado desde aquel día, que su padre nunca había vuelto a sonreír desde aquella noche, que su “mama” se había ido al cielo, que ser pobre era horrible y que la vida…la vida era una mierda.


Casi 300 mil mujeres mueren durante y después del embarazo y el parto cada año. 94 de cada 100 de estas muertes se produjeron en países pobres, y la mayoría podrían haberse evitado. África subsahariana y Asia meridional representaron aproximadamente el 86% de las muertes maternas estimadas a nivel mundial. Solo en África subsahariana se produjeron aproximadamente dos tercios (196 000) de las muertes maternas, mientras que en Asia meridional se produjo casi una quinta parte (58 000).  Pero, tomémonos un selfie.