Buenos Días

Un país sin el menor respeto a la vida

Álvaro Cruz Rojas / Editor Jefe

viernes 17, noviembre 2017 • 12:00 am

Compartir

En El Salvador todos conocemos a alguien que haya sido asesinado, la violencia no es algo que es ajena a nosotros. Si no es un familiar, es un amigo, es un compañero de trabajo, es un pariente de un amigo, la pareja de alguien cercano.

El medio periodístico lo sintió de primera mano ayer. Uno de los nuestros fue asesinado mientras trabajaba para la iglesia donde se congregaba. Ayer era su primer día de vacaciones y se iba a dedicar a ayudar. Se encontraba pintando la fachada de una iglesia en la que se congregaba en el momento de los hechos.

El dolor, la indignación, la impotencia, el temor, llenaron los sentimientos del gremio periodístico ayer.  La muerte de Samuel Rivas, conocido por los colegas como “Chorrito”, sacó lágrimas en todas las salas de Redacción donde se le conocía.

Me estremeció ver a colegas de mil batallas llorar juntos a la vista del cuerpo de Samuel. Me estremeció ver a mis compañeros, que lo conocían de coberturas frecuentes, llorar tras arrancarle la vida tan injustamente.

Hemos tocado fondo como país, hemos llegado a un punto en el que podemos esperar siempre lo peor y sabemos que no hay autoridad que nos pueda proteger.

Cuando hace unas semanas varios colegas se quejaron de amenazas y hostigamientos por su labor, la respuesta de un alto funcionario fue que había que “tocar madera” para que no nos pasara nada. Y es que el problema es que el Estado es incapaz de garantizarle la vida a nadie y no hay un compromiso serio de autoridad alguna al respecto.

¿Los violentos están mandando en el país? Sí, por supuesto. Y no respetan la vida de nadie, igual de un bebé de cuatro meses que de un anciano de 80 años. Igual de un prometedor camarógrafo de televisión que de una joven madre. Dios nos guarde de esta locura.