Editorial

martes 22, noviembre 2016 • 12:00 am

Un episodio que cuestiona a toda la autoridad

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En estos días se dio a conocer la historia de un soldado que, amenazado por un pandillero, le entregó su fusil al delincuente, ante el temor de represalias. ¿Qué clase de soldados tenemos en este país?  ¿Dónde está la autoridad del Estado? ¿Qué se les inculca en las filas militares?

Este episodio es algo inaudito y en cualquier ejército del mundo sería digno de los mayores cuestionamientos hacia toda la cadena de mando, pero ya estamos acostumbrados a que sus máximos jefes son intocables, hagan lo que hagan.

¿Qué ejército del mundo le entrega su fusil al enemigo? Ninguno, solo cuando se ha capitulado después de un combate. ¿Entonces? ¿Nuestros soldados se han dado por vencidos y se sienten derrotados por la delincuencia? ¿Qué clase de ánimo y moral se les inculca en los cuarteles? ¿Qué clase de preparación militar es esa?

La Fuerza Armada tiene ya demasiados problemas, fruto de un alto mando que estuvo demasiado involucrado en la tregua con las pandillas y que encima, ha manoseado toda la tradición militar y la cadena de mando por razones políticas y personales.  El caso de este soldado es un síntoma de todo ese mal estado de cosas en las filas militares y que deben ser corregidas antes que ya sea demasiado tarde para toda la sociedad. La responsabilidad está en el comandante supremo de la Fuerza Armada.