Por cada 100 mil habitantes de El Salvador, 18.54 mueren cada año debido al alcoholismo. Es una cruda realidad que a escala mundial nos hace ocupar el deshonroso primer lugar. Lo anterior se desprende del informe presentado por el World Heatch Ranking de la Organización Mundial para la Salud (OMS), cuyo estudio se hace de manera comparativa entre 183 países. El segundo lugar lo ocupa Rusia donde 14.54 por cada 100 mil habitantes mueren anualmente.

Opinión

Un deshonroso primer lugar mundial

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 24, agosto 2021 • 12:00 am

Compartir

Por cada 100 mil habitantes de El Salvador, 18.54 mueren cada año debido al alcoholismo. Es una cruda realidad que a escala mundial nos hace ocupar el deshonroso primer lugar. Lo anterior se desprende del informe presentado por el World Heatch Ranking de la Organización Mundial para la Salud (OMS), cuyo estudio se hace de manera comparativa entre 183 países. El segundo lugar lo ocupa Rusia donde 14.54 por cada 100 mil habitantes mueren anualmente.

Los datos de la OMS indican que por la indigesta de alcohol al año mueren alrededor de mil 300 salvadoreños entre hombres y mujeres. Prioritariamente hombres, pues por cada 100 muertos por alcoholismo 96 son hombres y cuatro mujeres. El informe revela que la mayoría de muertos son personas en edad productiva; es decir, menores de 60 años, cuyas causas principalmente son: hepatopatías o inflamación aguda del hígado, y trastornos neuropsiquiátricos como la dependencia de alcohol.

El informe de la OMS se refiere exclusivamente a las muertes por indigesta alcohólica. Es decir, aquellas personas que mueren como consecuencia directa de haber consumido alcohol, por ejemplo inflamación severa del hígado, cirrosis, pancreatitis aguda, paro respiratorio o cardíaco, lesiones graves en la cabeza u órganos vitales, etc.

Los datos no indican en ningún momento los muertos producto del alcoholismo, léase suicidios, homicidios y muertes producto de los accidentes viales y laborales provocados por personas bajo los efectos del alcohol. Si estas muertes se incluyeran en el análisis del World Heatch Ranking de la OMS, con seguridad conservamos el desgraciado primer lugar.

Es triste, muy triste, ver morir a una persona por los efectos del alcoholismo, pero esa es la consecuencia de un vicio que al no saberlo controlar se convierte en una enfermedad que, como casi todas, si se combate a tiempo deja de ser mortal.  He visto morir a muchos, algunos demasiado jóvenes. Murieron en la calle, olvidados, marginados por sus familias o con enfermedades que adquirieron por haber caído en las garras del alcoholismo.

He visto morir a agricultores, obreros, estudiantes, empleados, profesionales,  analfabetas, ricos, pobres, evangélicos, católicos, ateos, jóvenes, viejos, mujeres, hombres, homosexuales y hasta menores de edad, como consecuencia del consumo de bebidas alcohólicas. Muchas de esas muertes aparecen registradas como producto de accidentes, suicidios, violencia u otros factores ajenos a la ingesta alcohólica.


La semana pasada un joven bajo los efectos del alcohol hacia piruetas en la fuente de un centro comercial en la carretera hacia Quezaltepeque. Bailaba y saltaba sin sentido ante la algarabía de otros jóvenes ebrios que lo alentaban a hacer el ridículo. Cuando este joven se lanzó hacia atrás cayó sobre materia sólida y se rompió la cabeza y la columna en cuatro partes. Tristemente murió días después. La muerte de este muchacho no es considerada como producto de la ingesta alcohólica, aunque sea la consecuencia directa y extrema de ese maldito vicio.

César, un  amigo abogado, de 46 años de edad y padre de tres adolescentes, cayó en el vicio hasta el punto de llegar a delirar. Un día amaneció con el cuerpo tembloroso y ni siquiera podía articular palabras. Su esposa le dio un trago de licor y con ello tomó un poco de fuerza. Se encerró en su cuarto y comenzó a gritar porque veía demonios. Repentinamente calló y su esposa pensó que se había dormido. Al mediodía se dio cuenta que se había ahorcado. Su muerte se registra oficialmente como suicidio y no como producto de la ingesta alcohólica.

Todos sabemos la historia de Alfredo Espino, aquel jovenabogado y destacado poeta  ahuachapaneco autor del poema “Las manos de mi madre”, que un 24 de mayo de 1928 murió a los 28 años de edad producto de una crisis alcohólica. No hay ningún salvadoreño que no haya tenido un pariente, amigo, vecino, compañero o conocido que haya muerto a consecuencia del alcoholismo. Este es un vicio que destruye futuros, ilusiones, ambiciones, hogares, amistades, relaciones interpersonales, oportunidades laborales y, que finalmente, acaba con la vida de muchos.

Superar el vicio del alcoholismo es posible en la mayoría de los casos. Solo hace falta fe y fuerza de voluntad. Siempre hay una luz de esperanza para la recuperación. Requiere mucha voluntad y humildad. La organización Alcohólicos Anónimos (AA) sostiene que es posible recuperar al adicto mediante doce pasos, siendo el primero el más trascendental porque el alcohólico admite que era impotente ante el alcohol y que su vida se había vuelto ingobernable. Aceptar el problema es el primer paso, luego hay que buscar la ayuda y poner nuestras vidas en manos de Dios. Debemos abandonar ese deshonroso primero lugar. Juntos podemos.