Los troles ya no asustan al salvadoreño. De origen perverso, surgen del anonimato de grupúsculos dizque políticos que no pueden asimilar el espíritu ni la realidad democrática. Lo que vemos en las redes sociales evidencia la fuente gubernamental de la crisis múltiple que podría ser peor que la guerra.

Opinión

Troles, mareros y GOES

Dr. René E. Hernández Valiente / Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional

viernes 15, mayo 2020 • 12:00 am

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Los troles ya no asustan al salvadoreño. De origen perverso, surgen del anonimato de grupúsculos dizque políticos que no pueden asimilar el espíritu ni la realidad democrática. Lo que vemos en las redes sociales evidencia la fuente gubernamental de la crisis múltiple que podría ser peor que la guerra.

No hay diferencia entre troles y mareros. Ambos son violentos y pretenden bloquear el esfuerzo pacificador de la sociedad salvadoreña desde la maniobra, del engaño y de la incapacidad, unos a través de la violencia, los otros a través del escarnio y la descalificación.

Vemos con tristeza que la confrontación se agudiza, salvo tímidos esfuerzos que aún no dan fruto. Esto es involución social, el país entero retrocede.

Este escenario nos compromete a todos. Abandonemos el cuadrilátero político y hagamos patria. El Salvador somos todos. Si El Salvador está enfermo, todos estamos enfermos.

No hay curas ejecutivas

No hay curas legislativas


No hay curas judiciales

Pero si hay claroscuros en la relación entre los órganos fundamentales del Estado. Más aun, continuamos con conflicto entre poderes y no quieren los actores políticos darse cuenta que para la recuperación de la pandemia es preciso y absolutamente necesario que el esfuerzo se haga bajo la sombrilla de la regla básica de sumar y sumar, aun desde las diferencias políticas.

Aprovechemos la oportunidad de la crisis pandémica para compartir el esfuerzo de salvarnos todos. Desde la llanura vemos que en la dirección política del país se levanta un muro de contención para cooperar. El Gobierno no se deja ayudar.

Insistimos que el país tiene estadistas que pueden aportar propuestas de solución. Convóquese a ellos y sepárese a los que no estén dispuestos o no puedan. Exijamos a esos líderes que vengan al campo de batalla en que estamos hoy, para construir un mañana nacional con salud, sin hambre, en armonía social.

Conservemos nuestra identidad ideológico-política y desde la diferencia sumemos y avancemos.

Siempre seremos más los que queremos un mejor país. Siempre desde luego, en el marco de la Constitución.

El salvadoreño creyó con la firma de la paz que había tomado las riendas de su destino, pero no es así. Tres decenios después vemos que se nos quiere tratar como niños mal portados por un GOES, electo por un 25% de votantes lo cual le podría dar legalidad, pero no legitimidad, ni experiencia, ni capacidad.

Los problemas de la democracia deben ser manejados con más democracia y jamás con actitudes viscerales o reacciones primarias contrarias a la dignidad humana.

Los salvadoreños hemos pagado con sangre el aprender a vivir responsablemente con independencia. No queremos que el Estado piense por nosotros y nos “proteja” más allá de sus límites constitucionales.

Peor aún los troles, las maras, el hambre, el desempleo y el “distanciamiento social” del GOES con el pueblo son problemas reales e inminentes, de gran envergadura que nos hace preguntarnos: ¿Donde están los mecanismos operativos efectivos y realistas de creación de empleos, de control pandémico, de coordinación interinstitucional y de mejoramiento de la estructura organizativa de cada uno de los subsistemas? ¿Cómo se reducirá la pobreza multidimensional?

No hay dicotomía entre control pandémico y política económica. Ambos sectores, salud y economía, deben fortalecerse. Para ello preguntamos al gobierno: ¿Para dónde vamos? ¿Cuándo presentaran al pueblo el plan de gobierno?

La constitución y el pueblo se los exige. La omisión irresponsable es violación constitucional. El día de hoy pediremos que así se declare y exija su cumplimiento. La planificación da reglas claras. La improvisación lleva al fracaso.