angeldemonioTal parece que todos podríamos ser delincuentes en cualquier momento de nuestras vidas. De acuerdo con el psicólogo estadounidense Dan Ariely en Por qué mentimos (editorial Ariel), cuando se presenta la posibilidad de hacer algo incorrecto, nos embargan dos impulsos antagónicos. Por un lado, está el cálculo del beneficio que se espera obtener con la infracción; y por el otro, el deseo de mantener una imagen positiva de nosotros mismos, lo que los psicólogos llaman "motivación del ego".

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¡Todos llevamos un delincuente dentro!

Redacción web / DEM

viernes 7, octubre 2016 • 5:13 pm

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Tal parece que todos podríamos ser delincuentes en cualquier momento de nuestras vidas. De acuerdo con el psicólogo estadounidense Dan Ariely en Por qué mentimos (editorial Ariel), cuando se presenta la posibilidad de hacer algo incorrecto, nos embargan dos impulsos antagónicos. Por un lado, está el cálculo del beneficio que se espera obtener con la infracción; y por el otro, el deseo de mantener una imagen positiva de nosotros mismos, lo que los psicólogos llaman "motivación del ego".

“Nuestro sentido de la moralidad está asociado al grado de engaño con el que nos sentimos cómodos. En esencia, nos engañamos hasta el nivel que permite conservar la imagen de individuos razonablemente honestos”, indica el especialista.

Esta conclusión la entendió un  gerente reclutador de personal para atender a turistas, quien empezó a notar faltantes de cosas en la empresa y números rojos. Contrató a un detective privado, quien descubrió a un empleado apropiándose indebidamente de algunos dólares, por lo que se le despidió de forma inmediata. Esta decisión, sin embargo, no solucionó el problema de fondo: El responsable no era uno, sino varios.

Por ejemplo, un taxista llevará a un turista llevándole por la ruta más larga luego detenga el contador antes de llegar al destino.