Elecciones sobran. Estadistas son los que faltan. Chile, Honduras y Costa Rica ya las tuvieron. El caso hondureño fue toda una vergüenza. Los ticos tendrán segunda vuelta y la política se coló por las rendijas de los templos. Vienen “elecciones circenses” en Cuba y Venezuela.  Colombia, Venezuela, Paraguay, México y Brasil tendrán sus propios comicios. Ecuador hizo un referéndum constitucional y Guatemala hará uno territorial. Perú y El Salvador tendrán elecciones legislativas y municipales. La debilidad de la economía, la apatía ciudadana, la inseguridad, el desprestigio de la clase política y la corrupción son el común denominador en muchos de estos países, infortunadamente mucho más acentuadas en el nuestro.

Opinión

¡Todos a votar!

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 26, febrero 2018 • 12:00 am

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Elecciones sobran. Estadistas son los que faltan. Chile, Honduras y Costa Rica ya las tuvieron. El caso hondureño fue toda una vergüenza. Los ticos tendrán segunda vuelta y la política se coló por las rendijas de los templos. Vienen “elecciones circenses” en Cuba y Venezuela.  Colombia, Venezuela, Paraguay, México y Brasil tendrán sus propios comicios. Ecuador hizo un referéndum constitucional y Guatemala hará uno territorial. Perú y El Salvador tendrán elecciones legislativas y municipales. La debilidad de la economía, la apatía ciudadana, la inseguridad, el desprestigio de la clase política y la corrupción son el común denominador en muchos de estos países, infortunadamente mucho más acentuadas en el nuestro.

El 4 de marzo todos deberíamos votar de manera masiva, pero fundamentalmente reflexiva. Es cierto que muchos políticos nos han fallado. Es verdad que muchos de éstos piensan una cosa, dicen otra en campaña electoral y terminan haciendo lo contrario a lo que pensaron o dijeron. Pero en todo esto hay excepciones.

Los dueños de las extremas políticas ocupan sus cúpulas para sostener la tóxica polarización, electoralmente rentable para afianzar su voto duro. Las encuestas reflejan desencanto por la inseguridad y la frágil economía. Hay desconfianza en la clase política, en las autoridades electorales, éticas, fiscales, auditoras, judiciales y policiales.

El poder está de por medio y casi todo repartido en cuotas partidarias. El Foro de Sao Paulo (Managua/2017) lo dijo claramente: “La izquierda debe proponerse la toma de todas las instituciones y no solamente la presidencia o las diputaciones. Es importantísimo la toma del poder judicial, los aparatos militares y los medios de comunicación”.

Unos llaman a anular el voto, otros quieren que no vayamos a votar. Lo primero es un derecho mediante el cual podemos castigar a los políticos corruptos. Si la mayoría anula su voto, las elecciones deberán repetirse, pero no con los mismos candidatos. El remedio resultaría peor que la enfermedad.

Lo segundo, o sea, no ir a votar, es antipatriótico, pues es un deber de rango constitucional. No votar es permitir que otros den el poder a los mismos de siempre.


Aprovechan la coyuntura electoral un par de curitas taimados, que insisten en desanimarnos y fomentar el odio de clases. Uno dice: “Este país está como está, porque han gobernado los ricos durante la mayor parte de su historia”. Se olvida que su misma Universidad ha dicho que quien ahora gobierna es un partido-empresa de nuevos ricos.

Otro curita sostiene: “La democracia es traicionada por los que toleran la acumulación obscena de riqueza y los que se enriquecen con la corrupción”. Le da la espalda a lo ocurrido en el  “Istituto per le Opere di Religione” o “Banco del Vaticano”. Desde que Pío XII lo fundó en 1943, las mafias han lavado multimillonarias sumas de dinero sucio procedente del tráfico de drogas y armas; ha sido cuna de la especulación financiera a lo largo y ancho del planeta. Hasta ha envenenado Papas, con el conocimiento y consentimiento de los “banqueros  de dios” (con minúscula) o sea, los genuinos adoradores del “becerro de oro”, con Paul Marcinkus a la cabeza. Como que no hay mucha solvencia moral para criticar a los que un bachiller que anda huyendo señala como “derecha oligárquica”.

Concluyo con esta reflexión de Samuel Pérez Attías: “No hay cirugía plástica para la verdad, ni liposucción que elimine la vergüenza. No hay botox que esconda la deshonra, ni marca de ropa que cubra el descaro. No hay doctorado o títulos que concedan honorabilidad, cuando ésta no es demostrada. Al final, no hay cuenta de banco suficientemente grande que suplante la transparencia de la mirada y la honestidad de las palabras”.

Esta reflexión es válida para izquierdas y derechas; para candidatos que usan mucho el photoshop y emplean poco el cerebro. Es la hora pasar la factura a quienes han sido diputados y alcaldes viajeros, mediocres y corruptos. ¡Todos a votar!