Es inevitable que los tiranos se parezcan mucho. Como les mueve la misma obsesión —el poder—, es lógico que tiendan a implementar estrategias muy parecidas para conservarlo. Aplicar las reglas de la democracia, en cambio, requiere más imaginación y talento, por lo que es imposible que los estadistas de verdad, los líderes que merecen el unánime elogio del mundo, se asemejen como muñequitos fabricados en serie.

Opinión

Típico camino a la tiranía La conservación del poder a todo trance les conduce irremediablemente a emplear métodos casi idénticos. De ahí que sea fácil hablar de “manuales” de la dictadura o “sumarios” para el desmantelamiento de las democracias.

Federico Hernández Aguilar / Escritor y colaborador de Diario El Mundo

lunes 31, mayo 2021 • 12:00 am

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Es inevitable que los tiranos se parezcan mucho. Como les mueve la misma obsesión —el poder—, es lógico que tiendan a implementar estrategias muy parecidas para conservarlo. Aplicar las reglas de la democracia, en cambio, requiere más imaginación y talento, por lo que es imposible que los estadistas de verdad, los líderes que merecen el unánime elogio del mundo, se asemejen como muñequitos fabricados en serie.

Es indudable que Abraham Lincoln y Winston Churchill, por ejemplo, compartían muchas virtudes indispensables para el manejo de los conflictos, pero a la vez eran muy distintos en sus tácticas para enfrentarlos. No se trata solo de distancias temporales; a estos líderes admirables los separaba el producto de sus respectivos ingenios, las decisiones que la agudeza de sus mentes privilegiadas les hizo adoptar en su época.

El alemán Konrad Adenauer y el francés Robert Schuman, ambos considerados “padres” de la Unión Europea, fueron no solo contemporáneos sino que coincidieron en idénticos objetivos políticos, pero diferían en las formas con que llevaban las riendas del gobierno y cómo consolidaban el avance de la democracia. Extraordinarios los cuatro, no hay forma de admirar a Lincoln, Churchill, Adenauer y Schuman sin reconocer al mismo tiempo sus notables divergencias en la práctica.

Los déspotas, por el contrario, sí parecen recortados con la misma tijera. Se asemejan en manías, complejos y estrategias, en características psíquicas y en actitudes funcionales. La conservación del poder a todo trance les conduce irremediablemente a emplear métodos casi idénticos. De ahí que sea fácil hablar de “manuales” de la dictadura o “sumarios” para el desmantelamiento de las democracias.

A las tiranías pueden distanciarlas las épocas, pero las acciones tiránicas han sido siempre muy similares. El populismo de Julio César, que llevó a la destrucción de la República Romana en el siglo I antes de Cristo, no es demasiado distinto del que Hugo Chávez empleó para arruinar a Venezuela en los albores del siglo XXI. Incluso si se comparan sus formas de alcanzar y conservar el poder, César y Chávez tienen similitudes asombrosas: personalidades carismáticas y mesiánicas, discursos nacionalistas, demagogia —César, como edil curul de Roma, llegó al extremo de inundar el Circo Máximo para ofrecer una batalla naval a la plebe—, acentuado militarismo, manipulación de la opinión pública, sometimiento de los demás poderes estatales (incluyendo el control del sistema judicial), establecimiento de un régimen de confiscaciones, disolución de las asociaciones libres, política fiscal arbitraria, y un largo etcétera.

Daniel Ortega, en la Nicaragua de hoy, está persiguiendo a sus adversarios políticos y a todas las ONG que le critican, utilizando a su favor el poder de la Fiscalía o la Asamblea (que le responden únicamente a él), justo como lo hacían Hitler o Mussolini hace poco menos de un siglo. Isaías Afewerki, actual dictador de Eritrea, o Paul Biya, autócrata de Camerún, han llenado las cárceles de sus países con prisioneros políticos y están disponiendo del dinero público a su antojo, exactamente como lo hicieron Mao en China y Stalin en la Unión Soviética.


¿Qué haría falta para que en El Salvador también tengamos aplicado a plenitud el “manual” del despotismo? ¿Persecución política abierta? ¿Sometimiento de toda forma de disidencia? ¿Proscripción de organizaciones civiles? ¿Represión? Como sea, a partir del 1 de mayo de 2021, el típico camino a la tiranía está allanado.