El Salvador atraviesa una etapa muy crítica, que abarca las precarias condiciones en las que viven y se desarrollan millones de salvadoreños. En el ámbito político no se vislumbra un cambio a favor de la transparencia y rendición de cuentas,  menos ahora que se concentrará aún más el poder en Asamblea Legislativa. En lo social, el país está dividido en virtud de todo el odio y el antagonismo de clases que se ha revivido desde las esferas políticas y los diferentes  medios de comunicación afines a los que detentan el poder,  donde se esparce la semilla de la desinformación, cuyo objetivo en confundir aún más a un pueblo sufrido.

Opinión

Tiempos peligrosos

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 31, marzo 2021 • 12:00 am

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El Salvador atraviesa una etapa muy crítica, que abarca las precarias condiciones en las que viven y se desarrollan millones de salvadoreños. En el ámbito político no se vislumbra un cambio a favor de la transparencia y rendición de cuentas,  menos ahora que se concentrará aún más el poder en Asamblea Legislativa. En lo social, el país está dividido en virtud de todo el odio y el antagonismo de clases que se ha revivido desde las esferas políticas y los diferentes  medios de comunicación afines a los que detentan el poder,  donde se esparce la semilla de la desinformación, cuyo objetivo en confundir aún más a un pueblo sufrido.

De manera que estamos navegando en la intolerancia y la falta de respeto hacia las ideas de otros, y disentir con los que ahora están en el poder es el equivalente a un suicidio social y económico, es decir que todo ciudadano que hace uso del derecho constitucional de la libertad de expresión para oponerse a las políticas publicas de CAPRES, corre el riesgo que lo despidan como el caso Teresa de Jesús Guevara, quien fue cesada de forma verbal de Ciudad Mujer Morazán por la señora Chichilco, únicamente por apoyar a un partido diferente a NI, igual ocurre en el ámbito privado.

Cuando un empleado expone sus ideas de forma critica hacia el Gobierno, es posible que lo despidan o le cierren los espacios en esa compañía con el fin de mantener los contratos gubernamentales, puesto que la presión del gobierno no se hará esperar a fin de eliminar del camino a todos aquellos salvadoreños que no piensan igual y está clara la ecuación, porque el propósito de la empresa privada es ganar dinero, no defender la libertad de expresión que le corresponde a sus empleados sin importar su orientación política, lo cual es lógico, pero no debemos olvidar que así se funda una dictadura.

De modo que al ser complacientes con el poder se corre el riesgo de ir perdiendo las libertades poco a poco, tal como sucedió en Cuba, Venezuela y Nicaragua,  ya que los que tuvieron que levantar la voz no lo hicieron, sino que se rindieron al poder por unos cuantos contratos gubernamentales y al pasar los años se dieron cuenta del daño que le provocaron a la democracia,  por haber dado paso  a la concentración del poder e instrumentalizar  a las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad a favor de un solo hombre que repartió el dinero publico para comprar su protección.

En consecuencia, El Salvador ha entrado a la etapa de tiempos peligrosos,  como lo advierte el Apóstol Pablo al joven Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-5).

Evidentemente la mayoría de políticos que detentan el poder tienen apariencia de piedad, pero los que hemos vivido múltiples eventos electorales, sabemos cómo termina la película de la corrupción, y entendemos que una buena parte de los políticos viven en un mundo ideal donde no les hace falta nada versus la realidad del salvadoreño, en la que a puras penas nuestros hermanos salen adelante con el pago del mesón, por lo tanto, no debemos quedarnos con los brazos cruzados, hay que advertir como atalayas al resto de ciudadanos que no alcanzan a dimensionar la tragedia que se avecina.


La democracia, la separación de poderes, el respeto a la leyes, la independencia de prensa, son algunos aspectos que han comenzado a sufrir  a manos de los que ahora detentan el poder, por esa razón hoy mas que nunca debemos unirnos los buenos salvadoreños que queremos un mejor El Salvador, pero no para obstaculizar, ni para criticar sin dar soluciones, sino para escribir la historia, como la generación que defendió la República de los abusos de poder.