El ambiente parecía tranquilo en la cancha de fútbol del cantón Tierra Blanca, en Chirilagua, San Miguel. Niños de todas las edades corrían de un lado a otro; madres amamantaban a sus bebés y otros dormían en unas hamacas. Parecía una reunión de toda la comunidad, pero no. Estaban ahí porque el lugar que para muchos es el más seguro y cómodo, para ellos se ha convertido en el lugar más peligroso.

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Temor y resignación en Oriente en zona afectada por sismos

Yessica Espinoza / Fotos: Wilson Urbina

martes 8, mayo 2018 • 12:04 am

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El ambiente parecía tranquilo en la cancha de fútbol del cantón Tierra Blanca, en Chirilagua, San Miguel. Niños de todas las edades corrían de un lado a otro; madres amamantaban a sus bebés y otros dormían en unas hamacas. Parecía una reunión de toda la comunidad, pero no. Estaban ahí porque el lugar que para muchos es el más seguro y cómodo, para ellos se ha convertido en el lugar más peligroso.

Los frecuentes sismos en los municipios de Chirilagua, en San Miguel e Intipucá, en La Unión han provocado temor en los habitantes desde el pasado 5 de mayo, fecha en la que inició lo que los expertos llaman enjambre sísmico.

En la cancha de fútbol hay un aproximado de 300 personas albergadas. En el lugar, las familias han movilizado sillas de plástico, mesas y hamacas para dormir por las noches. Ayer los visitó el vicepresidente de la República, Óscar Ortiz, quien les llevó un mensaje de consuelo y ayuda.

Mientras unos se preocupaban por las posibilidades de un terremoto, otros lloraban la pérdida o daños en sus casas de láminas, bahareque o adobe. Dalila Orellana, de 77 años, relató que las tejas de su casa cedieron ante el sismo y las paredes de su casa se agrietaron dejándola en una posición poco resistente ante otro temblor. Mientras esperaba que le pasaran un plato de comida con casamiento y tortillas, dijo que no ha podido dormir pensando en que “cuando menos lo sienta” un terremoto pueda ocurrir. “Fueron unos temblores que yo sentía que la tierra nos iba a tragar. Si Dios quiere, aquí vamos a morir”, manifestó.

“Le pido a Dios que no vuelva a temblar”, le dijo una mamá a otra mientras veía a su pequeña de ocho años pintar un dibujo.

Las autoridades ambientales pidieron a los habitantes guardar la calma y permanecer en los albergues porque los temblores podrían seguir.