A veces anhelo retornar a mi niñez para volver a sentir el regazo de mi mamá, esa grandiosa mujer bella, abnegada, bendita y bondadosa que Dios me regaló como mi madre. Tan linda era mi madre Elena Sánchez que cuando Dios necesitó a alguien para cuidar angelitos en el cielo se la llevó dejándonos a sus hijos demasiado tristes y con un dolor insoportable en el alma. Mi madre partió al cielo un 16 de noviembre de 1994, cuando apenas tenía 49 años de edad. Ya han pasado más de 26 años y la seguimos extrañando día a día, con la plena fe y convicción que nos bendice desde el cielo y que algún día nos reencontraremos y fundiremos en un eterno y profundo abrazo de amor.

Opinión

Te amo Madre

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

lunes 10, mayo 2021 • 12:00 am

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A veces anhelo retornar a mi niñez para volver a sentir el regazo de mi mamá, esa grandiosa mujer bella, abnegada, bendita y bondadosa que Dios me regaló como mi madre. Tan linda era mi madre Elena Sánchez que cuando Dios necesitó a alguien para cuidar angelitos en el cielo se la llevó dejándonos a sus hijos demasiado tristes y con un dolor insoportable en el alma. Mi madre partió al cielo un 16 de noviembre de 1994, cuando apenas tenía 49 años de edad. Ya han pasado más de 26 años y la seguimos extrañando día a día, con la plena fe y convicción que nos bendice desde el cielo y que algún día nos reencontraremos y fundiremos en un eterno y profundo abrazo de amor.

Cuando veo a mis amigos acompañados de sus madrecitas ancianas siento una envidia de la buena, porque daría cualquier cosa por tener a la mía y abrazarla, besarle la frente y decirle que es mi tesoro más amado, mi ternurita y mi orgullo. Quisiera que estuviera viva para  acudir a ella por consejos y para recibir sus besos amorosos cada vez que siento flaquear en mi vida. Me hubiese gustado guiarle sus pasos en su senilidad, como ella condujo los míos en mi niñez, adolescencia y juventud primera. Protegerla como ella me protegió entre sus brazos, acariciar su pelo cano y sentir su mirada pletórica de bondad. Ella fue mi refugio en el que siempre me sentí seguro. A su lado fui el dueño del universo y el amo de mi felicidad. Mi madre era lo más hermoso de la existencia, lo más cercano a lo divino.

Extraño todo de ella. Su forma de consentirme, sus regaños, sus castigos, su paciencia, su tesón, su perseverancia, su sabiduría, pero sobretodo su infinito amor hacia mi padre, sus hijos y nietos. Cuando mi primer hijo nació sentí que flotaba en el ambiente y aturdido por la dicha de ser papá acudí a ella para abrazarla y llorar junto a ella. Fue un abrazo rebosante de amor y en aquel abrazo sentí acariciar el cielo, porque mi madre era eso: Un pedazo de cielo en la Tierra.

En ocasiones más que otras siento que la extraño más que de costumbre. Y a veces no puedo evitar llorar al recordarla. Ella estuvo conmigo cuando me gradué de la Universidad. Junto a mi padre eran las personas más dichosas del universo al verme graduado. En realidad yo recibí el título, pero ellos se lo merecían más que yo, por haberme apoyado, por haber creído en mí, por tanto sacrificio. Mi triunfo en realidad era de ellos. Ella me acompañó a mi primer día de clases en el kínder, cuando vestido con overol, no quería separarme nunca de ella. La vi llorar emocionada cuando me premiaban como alumno más destacado. Cuando me fui de la casa a formar mi hogar lloró y me dijo que siempre, ante cualquier adversidad, yo iba a tener su apoyo. Me esperaba con las puertas del alma abierta. Volver a casa y encontrarla era un éxtasis celestial.

Madre, te extraño todo el tiempo. Hoy ya no te lloro como antes, hoy sonrío al recordar tus sabios y honestos consejos. Todo es como me lo decías, no me fallaste. En la vida hay que procurar hacer el bien común, vivir dejando un legado positivo, intentar ser persona de bien y tratar siempre de brindar ayuda al necesitado. Intento seguir tus consejos a base de ejemplos que nos distes. Madre, eres mi heroína, mi preciado y noble recuerdo. Mi gratitud imperecedera hacia Dios por permitirme ser tu hijo.

Cuando le pregunto a mis amigos la edad de sus madres, siempre les digo que la cuiden, que la protejan, que la amen hasta que duela el corazón. Una madre siempre está para sus hijos. Un hijo preso, hospitalizado o en problemas de cualquier índole verá como los “amigos” se alejan poco a poco o como la sociedad lo margina, pero el ser que los parió siempre estará en primera fila sufriendo y ofreciendo hasta su vida por la felicidad de su hijo. Ellas oran con ahínco y son capaces de sufrir todo tipo de atropellos con tal de que sus hijos sean felices.


En El Salvador y en muchos países del mundo cada 10 de mayo se celebra el Día de las Madres. En realidad todos los días son para ellas, pero en esta fecha hay que felicitar a esas eximias mujeres que son madres benditas. Que tienen el alma y el corazón llenos de amor hacia sus hijos. ¡Te amo y extraño mamá!