El tío de “Paola” derribó la puerta de su cuarto al escucharla lamentarse y gemir. Paola había tomado una decisión muy fuerte al no cumplir las expectativas de su familia, había  ingerido veneno; tenía 16 años y este era su segundo embarazo. En su primer embarazo a los 14 años, su madre la llevo a una clínica “privada“ para finalizarlo de forma clandestina; luego ante los “chambres“ de los vecinos que les tenían de boca en boca, la madre culpó a Paola e invento que ella había querido suicidarse. Comenzó una  relación tensa con la madre; sus tíos la tildaban como “despierta” sexualmente y temían que “contaminara a sus primas”. Paola se embarazó de nuevo, en su situación no podía  continuar un embarazo. Esta vez, para evitar ser estigmatizada, ella misma buscó la “solución“. Cuando Paola murió, su madre no sabía del embarazo, su familia más cercana tampoco. Este es un relato real tomado del informe publicado en 2019 por UNPFA: “Sin Opciones, muertes maternas por suicidio”.

Opinión

Suicidio feminicida

Dr. Guillermo Antonio Ortiz / Ginecólogo-Obstetra Maestría en Gestión Hospitalaria.

viernes 10, septiembre 2021 • 12:00 am

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El tío de “Paola” derribó la puerta de su cuarto al escucharla lamentarse y gemir. Paola había tomado una decisión muy fuerte al no cumplir las expectativas de su familia, había  ingerido veneno; tenía 16 años y este era su segundo embarazo. En su primer embarazo a los 14 años, su madre la llevo a una clínica “privada“ para finalizarlo de forma clandestina; luego ante los “chambres“ de los vecinos que les tenían de boca en boca, la madre culpó a Paola e invento que ella había querido suicidarse. Comenzó una  relación tensa con la madre; sus tíos la tildaban como “despierta” sexualmente y temían que “contaminara a sus primas”. Paola se embarazó de nuevo, en su situación no podía  continuar un embarazo. Esta vez, para evitar ser estigmatizada, ella misma buscó la “solución“. Cuando Paola murió, su madre no sabía del embarazo, su familia más cercana tampoco. Este es un relato real tomado del informe publicado en 2019 por UNPFA: “Sin Opciones, muertes maternas por suicidio”.

Escuchar frases como “Yo no importo, no los puedo dañar con mi embarazo, mejor desaparecer” se escucha  en  mujeres con embarazos no intencionados o impuestos que no solo son producto de una violación sino también por  su pareja o  por su misma mente atormentada ante  las graves situaciones  sociales que viven: el rechazo de familia; las amenazas de pandilleros, les hacen ver como única salida el “acompañarse”, lo que usualmente sucede con alguien mayor que las sostenga económicamente. Estas relaciones de poder y violencia en contra de las niñas, adolescentes y mujeres, las pone en desventaja constante, desde la familia, la escuela y otras instituciones clave de la socialización primaria y secundaria.

Son embarazos impuestos por un sistema. Lo que  lleva muchas veces a las mujeres y adolescentes a querer terminar con un embarazo es  el miedo, este miedo que es “insuperable”, es un concepto jurídico relacionado con el derecho penal aplicado en algunos países, en concreto es una causa eximente de responsabilidad penal. Si una persona que comete un ilícito penal (un delito contemplado  en la legislación vigente del país) bajo los efectos de este “miedo insuperable” no puede ser condenada a pena alguna ni por sus acciones ni por sus omisiones.

Esta desesperación o miedo causado por desintegración familiar o  por el contexto social lleno de  violencia en el que viven; si como agravante sumamos el impacto del  estigma al que son sometidas, esto es brutal para ellas, ese  “bullying”  o “Cyber bullyng”  de sus “amigos”, también la ausencia de apoyo gubernamental tiene su responsabilidad debido a normativas o leyes restrictivas en términos de salud reproductiva. Esto las orilla a tomar decisiones que ellas mismas no quieren tomar; como también se cita en el informe  “Ella  quiso interrumpir su embarazo y no suicidarse”. Es claro que ninguna mujer decide abortar por “deporte” o  por “diversión” .

Las Naciones Unidas reporta a El Salvador como el único país de Latinoamérica y posiblemente del mundo que tipifica el suicidio feminicida como un delito, sancionable con cinco a siete años de prisión. Este delito está incluido en la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres en la que el Art. 48 le tipifica como “Suicidio Feminicida por Inducción o Ayuda” y sanciona a todo aquel quien indujere a una mujer al suicidio o le prestare ayuda para cometerlo.

La falta de seguridad para las mujeres en las comunidades, la ausencia de políticas claras y definidas sobre educación sexual desde la infancia, la casi ausencia de acceso a servicios sobre derechos de salud sexual y reproductiva para jóvenes y adolescentes, así como el apoyar postulados anti-derechos sexuales y reproductivos son omisiones graves en términos de derechos humanos. ¿Podríamos entonces argumentar, según la ley, que con estas omisiones se induce a una mujer al suicidio?


Si bien es cierto es un problema con causas estructurales difíciles de corregir a corto o mediano plazo, como medida preventiva inicial, urge actualizar el marco legal vigente sobre derechos sexuales y reproductivos de niñas y mujeres; incluyendo una discusión sería de país, sobre la despenalización de la interrupción de embarazos, cuando hay grave riesgo a la salud (salud mental) y la vida.