Son las palabras que el hada del Norte le dijo a Dorothy en El mago de Oz ¿Se acuerdan? Pues pareciera que Daniel Ortega fuera el hada, y los presidentes de Honduras y El Salvador, una moderna Wendy con banda presidencial.

Opinión

Sigue el camino de ladrillos amarillos ¿Qué hay al final del camino de ladrillos amarillos? No el castillo de ciudad Esmeralda, sino la reelección y perpetuarse en el poder.

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 8, junio 2021 • 12:00 am

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Son las palabras que el hada del Norte le dijo a Dorothy en El mago de Oz ¿Se acuerdan? Pues pareciera que Daniel Ortega fuera el hada, y los presidentes de Honduras y El Salvador, una moderna Wendy con banda presidencial.

Juan Orlando Hernández (JOH), del Partido Nacional, acá en Honduras, lo empezó a hacer desde el 2010 como presidente del Congreso Nacional.

Tuvo el poder del país en sus manos ya que Porfirio “Pepe” Lobo, se dedicó a recuperar las relaciones diplomáticas, como presidente del Ejecutivo, con los países que rechazaron el golpe de Estado de 2009.

Con esa genuflexión característica acá hacia al presidente del Congreso, JOH empezó, con una maestría digna de objetivos más elevados, a manipular a la oposición, alcanzó la mayoría calificada, y empezó a poner como titulares de las instituciones más importantes a gente dócil, a saber, Tribunal Superior de Cuentas, Tribunal Supremo Electoral, Ministerio Público (que acá es la Fiscalía General de la República), la Procuraduría General de la República, pero sobre todo, en la Sala de lo Constitucional, de la cual quitó a cuatro magistrados y puso cuatro empleados igualmente sumisos. ¿Les suena?

El exmandatario, José Manuel Zelaya Rosales (Mel), debería ser uno de los líderes más punzantes y venenosos contra JOH y su partido, pero, al contrario, pasa largos silencios inexplicables cuando su liderazgo debería compelerlo a estar en permanente actitud acusatoria contra el gobierno. Tengo la certeza que en política esos silencios cómplices se pagan, no son de gratis.

El Partido Liberal, partido de 130 años de existencia, el eterno opositor del Partido Nacional, está amargamente dividido, y una facción (que cuenta con buen grupo de diputados), pasa votando conjuntamente con los diputados oficialistas en el Congreso. La experiencia también me ha dicho que esos votos no son de gratis, no se levantan las manos por elevadas aspiraciones patrióticas.


Otro punto. El robo que se ha hecho en tiempos de la pandemia ha sido descomunal, no solo con los hospitales móviles que en conjunto podrían haber costado $ 10 mm, pero se pagaron, en un solo cheque, $ 48 mm. Y las sobrevaloraciones de los insumos y productos. ¿Les suena parecido?

Al final del camino de ladrillos amarillos nos encontramos que, para estas elecciones generales de noviembre del presente año, ya nadie duda que el Partido Nacional ganará su cuarto mandato al hilo.

Olvidaba mencionar el otro ingrediente del caldo: las FF. AA. y Policía Nacional son totalmente obedientes al mandatario. A la entidad castrense, para sorpresa hasta de ellos mismos, JOH les dio miles de millones de lempiras para que se encargaran de la agricultura del país. Es un cuento de fantasía esto. Todo para asegurarse la fidelidad.

Desde hace un poquito más de ocho años me ha parecido, movimientos más, movimientos menos, que JOH ha seguido la misma estrategia que Daniel Ortega en Nicaragua, solo que aquél, personaje sumamente astuto, no ha perseguido a la oposición, no ha encarcelado a sus más fieros líderes, ni tampoco los ha inhabilitado por medio de sus sátrapas de la entidad electoral correspondiente. Y la libertad de prensa es total. Acá lo insultan a diario, y los actos de corrupción son publicados semanalmente. El descaro si es muy suyo.

Nayib Bukele, es el nuevo ahijado de Ortega.

Es indiscutible que el soporte que el electorado le ha dado al novel presidente es su mejor arma, la cual ojalá no la vaya a desenfundar en contra de ellos mismos, al final de ese camino.

Ha atacado a la oposición y a los medios vulgarmente, sometió a la Policía y defiende las FF. AA., acuerpándolas incluso en un abierto desacato a la autoridad judicial. Destituyó fiscal y magistrados, puso empleados sumisos y obedientes, recogió a los proscritos de otros partidos y los enroló en el suyo. Manipula y monopoliza la información, regaña a quienes lo desmienten o a quien se le salga del huacal, corta relaciones de a poco con los EE. UU. y, de tajo, con la débil y despersonalizada OEA.

¿Qué hay al final del camino de ladrillos amarillos? No el castillo de ciudad Esmeralda, sino la reelección y perpetuarse en el poder.