Ahora que en el santoral de Nuevas Ideas ya figura, con su aureola de pecador redimido, el expresidente Elías Antonio Saca, muchos salvadoreños podemos adivinar hacia dónde conduce todo este show: el fortalecimiento del absolutismo bukelista mediante el desprestigio de sus adversarios y críticos. Y es que hace falta ser muy cínico, o muy torpe, o ambas cosas, para ir a sacar de la prisión a un ladrón confeso y presentarlo ante el país como alguien que ahora sí, de repente, por arte de magia, porque tiene boca y sigue enamorado del micrófono, merece la mayor credibilidad del mundo.

Opinión

San Elías Antonio Llegó al colmo de despedirse de la comisión legislativa con aquella frase que hizo célebre en sus mítines políticos: “Que Dios bendiga a la tierra cuscatleca”. ¡Wow! Al Capone, Goebbels y Nixon habrían estado orgullosos.

Federico Hernández Aguilar / Escritor

lunes 26, julio 2021 • 12:00 am

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Ahora que en el santoral de Nuevas Ideas ya figura, con su aureola de pecador redimido, el expresidente Elías Antonio Saca, muchos salvadoreños podemos adivinar hacia dónde conduce todo este show: el fortalecimiento del absolutismo bukelista mediante el desprestigio de sus adversarios y críticos. Y es que hace falta ser muy cínico, o muy torpe, o ambas cosas, para ir a sacar de la prisión a un ladrón confeso y presentarlo ante el país como alguien que ahora sí, de repente, por arte de magia, porque tiene boca y sigue enamorado del micrófono, merece la mayor credibilidad del mundo.

Que no se olvide, por Dios, de quién estamos hablando. Tony Saca, el mandatario que mintió por cinco años a sus gobernados, robando a manos llenas al punto de construirse una mansión versallesca que apareció en las portadas de los diarios fotografiada desde el aire, no únicamente fue responsable de uno de los desfalcos más escandalosos de nuestra historia, sino que supo aprovechar la oportunidad que le otorgó la Fiscalía de Douglas Meléndez para acortar su proceso y evitarse así que las pruebas en su contra, en virtud del alargue previsible, le acumularan mayores penas de prisión.

Ante la enternecedora indulgencia de los diputados “investigadores” de sobresueldos —esos mismos que apenas horas antes habían querido comerse vivo a Cristiani—, Tony Saca se explayó a sus anchas arrojando lodo sobre el Fiscal que le ahorró humillaciones y señalando sin contemplaciones a quienes le acompañaron en su gabinete de gobierno. El ya descabezado no dejó títere con cabeza. ¿Y por qué no? Si su presente y su futuro se encuentran, literalmente, en manos del actual poder Ejecutivo, ¿qué elemental sentido de moralidad puede tener el expresidente para no dar una ayudadita a Bukele en su narrativa de odio, divisionismo y prepotencia?

Y Tony le cumplió a Nayib, sin duda. Cada minuto que los diputados de Nuevas Ideas le permitieron hablar sin interrupción, él lo llenó con retórica de infractor arrepentido que hoy “colabora alegremente” con la verdad. Incluso llegó al colmo de despedirse de la comisión legislativa con aquella frase que hizo célebre en sus mítines políticos: “Que Dios bendiga a la tierra cuscatleca”. ¡Wow! Al Capone, Goebbels y Nixon habrían estado orgullosos.

El espectáculo fue fascinante, he de admitirlo. En la vida diaria es difícil hallar fuentes de entretención tan asombrosas. Pero mientras algunos de los mencionados por Tony Saca estamos esperando con ansias nuestro momento para hablar, los problemas de El Salvador tienen escasa relación con las “investigaciones” de los diputados cian y bastante más con la incapacidad del actual gobierno para resolverlos, o, por lo menos, dejar de empeorarlos.

La administración Bukele continúa sin mover un dedo para indagar a los incluidos en la Lista Engel, las desapariciones y los hallazgos macabros siguen sin respuesta satisfactoria, el Bitcóin circulará por imposición a partir de septiembre, la economía de las familias se deteriora cada día y el populista aumento del salario mínimo solo contribuirá a elevar la inflación. Como cereza del pastel, la arbitraria detención de exfuncionarios del FMLN la semana pasada es un paso más hacia el Estado de terror y persecución que hemos venido denunciando.


¡Gracias a Dios que ahora tenemos en los altares a San Elías Antonio, patrono de los maleantes confesos y los gobernantes desesperados!