Con alegría, satisfacción y agradecimiento contemplamos hace pocos días cómo las representaciones diplomáticas de Estados Unidos y Gran Bretaña (o Reino Unido), acreditadas ante nuestra Patria, se aunaron a la realización de una campaña de limpieza en el Lago de Ilopango, la fuente hídrica llena de encanto natural por sus aguas termales, el misterio de su origen y ese halo de amistad que sentimos acrecentado cuando disfrutamos de ese paseo, cercano a la capital y otras urbes del país.

Opinión

¡Salvemos nuestro ambiente!

Armando Rivera Bolaños / Abogado y psicólogo

sábado 17, junio 2017 • 12:00 am

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Con alegría, satisfacción y agradecimiento contemplamos hace pocos días cómo las representaciones diplomáticas de Estados Unidos y Gran Bretaña (o Reino Unido), acreditadas ante nuestra Patria, se aunaron a la realización de una campaña de limpieza en el Lago de Ilopango, la fuente hídrica llena de encanto natural por sus aguas termales, el misterio de su origen y ese halo de amistad que sentimos acrecentado cuando disfrutamos de ese paseo, cercano a la capital y otras urbes del país.

Nos entusiasmamos admirados al ver como la señora Jean Manes, dinámica embajadora estadounidense y el señor Bernhard Garside, representante de Su Majestad Isabel II y del noble pueblo inglés (recientemente conmovido por reprochables atentados terroristas), junto a ciudadanos de sus países y compatriotas interesados en la salud de nuestros lagos, con palas en mano, enguantados o con sus manos desnudas, sacaban promontorios de desechos orgánicos, mismos que disminuyen y envenenan nuestros recursos naturales por una evidente ausencia de educación ecológica, de la que solo nos acordamos cuando celebramos el Día Internacional del Medio Ambiente, aunque se dijo, hace muchos años, que el Ministerio de Educación implementaría esta asignatura desde el nivel parvulario, concretando aquel paradigma pedagógico que nos enseñaron a los maestros normalistas: “Lo que de niño se aprende, no se olvida en la adultez”.

A este  propósito, también es oportuno mencionar la permanente ayuda que nos proporciona la representación de la República de China (Taiwán) en materia de conservación y protección ambientales, habida cuenta que es una nación reconocida, a nivel mundial, como una de las pioneras en implementar medidas saludables como la generación y utilización de energía limpia, reforestación, rescate de especies silvestres, santuarios ecológicos, etc.

A diario observo, con pena y tristeza, cómo alumnos de escuelas y colegios, incluso de nivel universitario, salen de sus centros disfrutando de golosinas y desde las ventanas de los buses o cuando caminan, tiran a las cunetas o aceras los envoltorios, las cáscaras de frutas o lo que sea. La educación ecológica o medioambiental es un tema siempre actualizado. Necesario y urgente. Como país miembro de los Pactos de París y de Kioto desde finales del siglo XX, y, por ende, leyes de El Salvador, estamos obligados a implementar todas aquellas actividades, planes y proyectos que conlleven a mantener el equilibrio de nuestros recursos naturales cada vez más exiguos (según crece el nivel demográfico), así como la búsqueda incansable por el rescate, conservación sostenible y mejoramiento de los recursos tierra, atmósfera y agua (incluyendo en esta última las aguas costeras o marinas).

Los paradigmas de construcción horizontal urbana deben modificarse cuanto antes, para no destruir las pocas reservas boscosas que nos quedan, o de tierra vegetal para cultivos.

La reciente campaña de reforestar el parque cafetalero es una muestra positiva de esos esfuerzos. Debemos vigilar la emanación industrial de gases con efecto invernadero y la contaminación originada en la combustión de buses con muchos años de uso, así como derrames de mieles y desechos orgánicos hacia los ríos. El descuido en el uso y abuso de las bolsas plásticas, es algo donde nadie ha expresado ninguna preocupación. Los científicos han descubierto que miles de kilómetros cuadrados del Océano Pacífico (donde se ubica nuestro país) se encuentran recubiertos por desechos plásticos que las especies marinas ingieren como residuos alimenticios, atragantándolas y asesinándolas.


Hay peligro inminente que, en pocas décadas, millones de especímenes de la fauna marina se extingan envenenados por acción del hombre, acarreando problemas inimaginables a la humanidad entera por falta de peces, tortugas y moluscos que contribuyen tanto al ciclo alimenticio, como a la pureza del agua de mar. Recordemos que el plástico tarda cientos de años en degradarse, pero no nos cansamos de tirar bolsas en cualquier parte.

Finalmente, considero que a nivel nacional, las 262 municipalidades deben contar con su respectiva comisión ambientalista, sin tintes políticos ni propagandísticos, que de la mano con industriales, empresarios y docentes, desarrollen campañas de protección ambiental, cuido y limpieza de fuentes hídricas, conservación de bosques y quebradas, destape de tragantes, calles y pasajes, protección de especies silvestres,  etc. ¡Serían pasos de gran avance!