El fin de semana platicaba con una amiga evangélica sobre la situación del Covid-19 a escala mundial y ella todo lo redujo a una interpretación dogmática, en el sentido que “todo está escrito en la Biblia”. Le pregunté si ya había recibido las vacunas contra el coronavirus y su respuesta me causó tristeza, lástima y hasta malestar, pues me respondió que quienes de verdad creen en Dios jamás se pondrán las dosis. Yo creo con una inmensa fe en la omnipotencia de Dios, pero ya me puse las vacunas porque soy responsable con mi vida e intento ser responsable con la vida de los demás, especialmente mi familia, amigos y compañeros de trabajo.

Opinión

Salvadoreños, ¡vamos a vacunarnos! No hay salvadoreño que no conociera a una persona fallecida por el coronavirus.  El virus no respeta posición económica ni condición social.

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

miércoles 21, julio 2021 • 12:00 am

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El fin de semana platicaba con una amiga evangélica sobre la situación del Covid-19 a escala mundial y ella todo lo redujo a una interpretación dogmática, en el sentido que “todo está escrito en la Biblia”. Le pregunté si ya había recibido las vacunas contra el coronavirus y su respuesta me causó tristeza, lástima y hasta malestar, pues me respondió que quienes de verdad creen en Dios jamás se pondrán las dosis. Yo creo con una inmensa fe en la omnipotencia de Dios, pero ya me puse las vacunas porque soy responsable con mi vida e intento ser responsable con la vida de los demás, especialmente mi familia, amigos y compañeros de trabajo.

El esposo de mi amiga es pastor de una iglesia en Mejicanosa la que a acuden alrededor de 50 feligreses. Él en su mensaje pastoral los insta a no vacunarse porque Dios está con ellos. Desgraciadamente dos de sus feligreses murieron, uno en junio del año pasado y otro en febrero anterior. Otros diez o doce se han contagiado y a dos hubo necesidad de entubarlos y conectarlos a respiradores artificiales. Afortunadamente lograron sobrevivir. Todavía así, el pastor y mi amiga instan a sus “hermanos” a no vacunarse. Eso sí, el pastor ya se vacunó.

Un amigo sacerdote católico me decía que ellos procuran en cada misa hacer un llamado a sus feligreses para que se vacunen y que siempre tomen las medidas de bioseguridad, porque la fe se complementa con la ciencia y viceversa cuando se trata de cuidar la salud del ser humano. Estuve en dos misas, en los últimos días, y en efecto los sacerdotes hicieron un llamado a la protección e instaron a acudir a los centros de vacunación.

No se trata de ser católico, evangélico o ateo. Se trata de evadir con responsabilidad un virus que no buscamos, pero que llegó para quedarse, al parecer por muchísimo tiempo. Es obligación de la humanidad contrarrestar el embate del virus a través de la inmunización. No es la primera pandemia que vivimos los humanos, aunque debido a la sobrepoblación, a los flujos migratorios y a miles de condiciones más, ahora es más sensible, universal y letal.  Por eso, porque afecta a la humanidad completa es más fácil unificar esfuerzos y luchar contra ella esforzándonos todos. Los científicos desde los laboratorios, los gobernantes con sus políticas públicas, los líderes con sus mensajes serenos y cada uno de nosotros respetando las medidas de bioseguridad.

Acudir a los centros de vacunación es una obligación moral adherida a la responsabilidad social y a los principios de humanismo. Aun estando vacunados tenemos posibilidades de contagiarnos, pero con síntomas menos graves. Estar vacunados aumentan nuestras defensas, pero siempre nos mantiene como potenciales transmisores del virus, por lo que nunca debemos bajar la guardia hasta que en el mundo la enfermedad sea controlada y para que eso ocurra pueden pasar meses o años. La ciencia sigue trabajando. Ciencia y fe a veces deben ir de la mano.

Los datos del Ministerio de Salud indican que la mayoría de los pacientes que mueren en El Salvador se contagiaron porque no estaban vacunados. Las personas se confiaron y dejaron pasar el tiempo o simplemente se creyeron inmunes o pensaron que jamás iban a ser contagiados. Cuando enfermaron ya era tarde y es entonces cuando las oraciones de fe y la medicina de la ciencia es la alternativa ulterior para salvar la vida.


Muchos no se vacunan porque creen en mitos y leyendas que pululan en el ambiente, especialmente en las redes sociales, donde personas inescrupulosas hablan de graves y fantásticas consecuencias tras las dosis. Es cierto que algunos se enferman con calenturas, dolores de cabeza y otros malestares, pero eso es una reacción de defensa psicosomática que desarrolla el cuerpo. En mi caso, dos días después de haberme inyectado la segunda dosis, sufrí una gripe excesivamente fuerte, pero es preferible eso a haberme contagiado. Desde luego, con mis dosis completas no bajo la guardia, me lavo constantemente las manos, uso alcohol gel, no acudo innecesariamente a sitios abarrotados de gente, uso constantemente la mascarilla y trato de cumplir con todas las recomendaciones de los epidemiólogos, para proteger a los de mi entorno.

No hay salvadoreño que no conociera a una persona fallecida por el coronavirus. Todos conocemos decenas y hasta cientos o más de personas que enfermaron, algunas asintomáticas y otras con síntomas severos.  El virus no respeta posición económica ni condición social. Algunos por sus enfermedades crónicas son más propensos a agravarse y morir. En total todos estamos expuestos a contagiarnos.Salvadoreños vamos a vacunarnos. Es gratis y podemos salvar vidas.