Roberto Silva tuvo sus 15 minutos de fama, y también la oportunidad de experimentar en pellejo propio que nuestro sistema de administración de justicia (leyes, policía, fiscalía, jueces), sí existe, que sí funciona y que, cuando le cae a una persona sobre sus hombros, ya nadie es tan machito. Hasta al más gallito le tiemblan las piernas.

Opinión

Roberto Silva y el signo de nuestros tiempos Lo de la protección a las mujeres no es broma, es la reivindicación de su dignidad, de sus derechos, de la igualdad ante los hombres…

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 16, marzo 2021 • 12:00 am

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Roberto Silva tuvo sus 15 minutos de fama, y también la oportunidad de experimentar en pellejo propio que nuestro sistema de administración de justicia (leyes, policía, fiscalía, jueces), sí existe, que sí funciona y que, cuando le cae a una persona sobre sus hombros, ya nadie es tan machito. Hasta al más gallito le tiemblan las piernas.

Lo de la protección a las mujeres no es broma, es la reivindicación de su dignidad, de sus derechos, de la igualdad ante los hombres, y es el resultado no de caprichos, sino de siglos de ardua lucha, constante, tenaz, inclaudicable.

Pero quiero hablar un poco de las redes sociales y cómo don Roberto es un claro fruto de nuestra época.

¿Qué es lo que son las redes? En esencia, comunicación. Eso principalmente: la comunicación como nunca antes se había visto.

¡Qué largo el viaje que ha recorrido la capacidad de comunicarnos y el desarrollo de los medios para hacerlo! Desde el primer grafo que tuvo un significado invariable y aceptado para dos o más personas, pasando por la imprenta, llegando a la televisión, la radio, los buscapersonas, los celulares, y finalmente al internet, la web, las redes sociales. Pero con la capacidad que tiene el ser humano de destruir o desfigurar sus propias obras, las redes sociales pueden llegar a causar espanto.

Este hermoso y útil medio de comunicación resulta ser una radiografía por demás interesantísima del ser humano. Nos muestra la creatividad que tienen tantas personas; sus habilidades, la innovación hasta las ocurrencias. Cocina, arte, música, videos, trabajos manuales, pintura, escultura, ¡es asombroso!, no deja de admirarme día con día, pero también nos adentramos, sin esfuerzo, en las entrañas de la degeneración humana, desde el exhibicionismo promiscuo y denigrante de enseñar el cuerpo como si fuera un objeto material como un zapato, hasta el esparcimiento de sentimientos e ideas destructivas.


Haciendo una pausa, siempre en relación al lado oscuro de la especie humana, basta con saber que la deep web, ese sitio en el cual se comercializan armas, drogas, pornografía infantil y hasta esclavas sexuales, conforma el 90 % de la totalidad de la web. Parece que la maldad tiene más presencia que la bondad.

Volviendo a las redes sociales, en particular Twitter, pareciera que la gente pasa por allí escupiendo. Un comentarista de CNN en español la calificó como “una cloaca”, y estoy de acuerdo. Apesta como los baños del estadio: hedor agrio, irritante, asfixiante. En cuestiones políticas todo es insultos, difamación, mentiras.

Las redes sociales han sido una plataforma para las más detestables organizaciones: narcos, neonazis, ISIS, conservadores esclavistas, izquierdistas incendiarios, o para personajes dañinos como Donald Trump.

Lo que más preocupa es que no se necesitan grandes organizaciones generadoras de maldad para teñir de negro las redes, basta con un sujeto con un celular para que, con perversa creatividad, iniciativa, soltura para hablar, y dos o tres ideas más o menos moldeadas, que las repita hasta el cansancio, para que pueda desparramar intolerancia, odio, racismo, misoginia, etc. Y sin son varios los esperpentos que lo hacen, como hormiguitas ordenadas, en línea, cargando cada uno su pedacito de estiércol, llenan la casa común (la sociedad) de la pudrición que tienen en sus cerebros. Y allí nadie se salva: derecha, izquierda, disque independientes. Todos contribuyen a llenar y rebalsar la fosa séptica.

Roberto Silva es hijo adoptivo del mayor intolerante de la nación, el presidente Nayib Bukele; su caja de resonancia, su títere, pero se le pasó la mano, pensó que estaba en la dictadura venezolana, o en Perú de tiempos de Fujimori donde Laura Bozzo, con su programa falso, insultaba y difamaba a los opositores del presidente y no le pasaba nada, porque no era una democracia. La administración de justicia estaba sometida al régimen, pero las cosas, cuando cambiaron, se le pusieron color de hormiga y tuvo que salir huyendo.

Nuestro Lauro ahora está guardando prisión, porque en El Salvador aún funciona nuestro sistema republicano, y es necesario reforzar la investigación contra este tipo de sujetos. Lo que no sabemos, es si nuestro sistema logrará sobrevivir a lo largo de estos próximos tres años.