Una de las plataformas del Proyecto “Diálogo Anticorrupción en El Salvador”, coordinado por las universidades “Francisco Gavidia” y “José Matías Delgado”, con el apoyo de USAID, reveló el pasado 12 de julio que “los partidos políticos y la Asamblea Legislativa son las instituciones públicas más corruptas a escala nacional”.

Opinión

Revalorizar la política

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 30, julio 2018 • 12:00 am

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Una de las plataformas del Proyecto “Diálogo Anticorrupción en El Salvador”, coordinado por las universidades “Francisco Gavidia” y “José Matías Delgado”, con el apoyo de USAID, reveló el pasado 12 de julio que “los partidos políticos y la Asamblea Legislativa son las instituciones públicas más corruptas a escala nacional”.

El vergonzoso dato confirma varias cosas. 1º) La corrupción política es la madre de todas las corrupciones. 2º) Es el “cáncer mayor” que debilita la institucionalidad. 3º) Corruptos y corruptores han empobrecido al país con sus descarados robos. 4º) Muchos se pavonean libremente (dentro y fuera del país) exhibiendo sus nuevos estilos de vida gracias al dinero mal habido. 5º) Si insisten en seguir haciendo pisto pues que pongan sus changarros y lo arriesguen, pero que no sigan sangrando al pueblo. 6º) Mientras las cúpulas partidarias consientan esas lacras, el país no tendrá salida. 7º) Corruptos y corruptores no tienen cabida, deben irse, vivir de sus pensiones y ceder sus puestos a gente honesta, a rostros nuevos.

El empresario Ricardo Poma dijo durante la celebración del 25º. Aniversario de la ESEN: “Me siento orgulloso que una de nuestras distinguidas graduadas haya tomado la decisión de poner al servicio del país su capacidad, su experiencia y su entusiasmo”, refiriéndose a la candidata a la vicepresidencia, Carmen Aída Lazo. Le faltó: “Y ojalá muestre independencia, como lo hace el diputado no partidario, Leonardo Bonilla” aunque también le digan que es “inexperta”.

Es tiempo de revalorizar la política. Tiempo que cada uno haga lo propio desde sus propias competencias. Tiempo que los honestos se sometan al escrutinio público. Tiempo de poner por encima de todo a los bien entendidos intereses de país, jamás a los de grupos o sectores. Tiempo de hacer prevalecer los valores de libertad, integridad y justicia social.

Revalorizar la política implica: 1º) Que las cúpulas partidarias entiendan que las instituciones públicas no son cotos de caza. 2º) Que no se vale reclutar nuevos rostros para hacer negocios con el Estado. 3º) Que el Estado no debe seguir siendo el gran empleador de activistas partidarios. 4º) Que las instituciones deben funcionar para que cumplan el mandato constitucional, legal, misional, técnico y ético para el que fueron creadas. 5º) Que las entidades fiscalizadoras, judiciales, fiscales y policiales no deben ser “tapaderas de la corrupción”. 6º) Que una reingenería del Estado es impostergable.

La ciudadanía debe saber que es falso pensar que la llegada de otro partido al gobierno resolverá el endémico problema de la corrupción, pues siendo éste un fenómeno estructural y complejo, requiere de un gran “Acuerdo de Nación” para erradicarla, pero con actores con voluntad genuina y sincera, para trabajar en esa dirección, caiga quien caiga.


Nada de eso se podrá hacer, si las llaves para abrir las puertas a la decencia y transparencia siguen en manos de gente corrupta enquistada en el Estado. Ellos saben que su corrupción es difícil de probar, de ahí su interés por mantener bajo control a las instituciones que sirven de “tapaderas de la corrupción”.

La ciudadanía debe escuchar con atención a la gente nueva que se mete en política. Debe cuestionarlo todo y preguntarse: ¿Qué intereses económicos hay detrás de la participación de algunos? ¿Qué pretenden quienes buscan trastocar el sistema de libertades? ¿Buscan replicar tiranías de países vecinos? ¿Es el populismo el horizonte que guía a algunos en su participación electoral? ¿Hay coherencia entre lo que piensan, dicen y han hecho en su pasado los candidatos? ¿Cuentan con la suficiente solvencia académica, capacidad profesional, honestidad personal, ética política e inteligencia emocional requeridas? ¿Están dispuestos a presentar públicamente sus programas históricos y sus propuestas electorales, para saber lo que verdaderamente pretenden hacer quienes aspiran gobernar un país polarizado, empobrecido, violento, carcomido por la corrupción y que expulsa a miles a emigrar?

Ojalá que la participación electoral de nuevos rostros contribuya a revalorizar la política, con independencia real de las cúpulas partidarias.