En el caso de Hugo Martínez no se puede hablar de falta de preparación o formación. Lo que abonó para que su gestión fuese deslucida y poco afortunada para el país, fue su sesgo ideológico. Esto se tradujo en posturas polémicas frente a los hechos ocurridos en Nicaragua o Venezuela.

Opinión

Retorno de la diplomacia

Roberto Meza / Colaborador

martes 10, julio 2018 • 12:00 am

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En el caso de Hugo Martínez no se puede hablar de falta de preparación o formación. Lo que abonó para que su gestión fuese deslucida y poco afortunada para el país, fue su sesgo ideológico. Esto se tradujo en posturas polémicas frente a los hechos ocurridos en Nicaragua o Venezuela.

Su papel poco oportuno con el gobierno... Su poca colaboración con los esfuerzos que se emprendieron en Coexport… Y aunque la gestión de Hugo no fue tan deplorable como la de los encargados del área de seguridad, siguió la consigna frentista de entregar la política exterior al eje de La Habana- Caracas.

En realidad, nunca hemos tenido política exterior. Es decir, sólida, soberana y acorde con una tradición que mantuvo El Salvador por décadas y atados a legítimos intereses que deberíamos tener como nación.

Con la llegada del nuevo Canciller, Carlos Castaneda, suponemos que esto va a cambiar. Es diplomático, con estudios en Kiev y en Cuba, en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y cuando fue diputado, se integró a la Comisión de RR.EE.

Como ha dicho un excanciller, “es uno de los mejor formados en materia internacional”. Se ha desempeñado recientemente como disertante ante la Asamblea de la OEA. Ha sido miembro de varias misiones permanentes ante la ONU, fue vicecanciller y funcionario de Cancillería en las direcciones de Promoción Económica y Soberanía Nacional. Hay mucho por hacer, empezando por revisar todos los nombramientos de personas sin calificación alguna.

Tener una política exterior y una presencia positiva en la esfera internacional. Recuperar espacio en instancias regionales. Agilizar nuestra adhesión a la Alianza del Pacífico y analizar, con mucho criterio, la posibilidad de liderar cambios y posturas positivas en instancias regionales como la OEA, CAN o Mercosur.


La salida del ALBA debería estar en la agenda. Colaborar más estrechamente con la cartera de Coexport. Una de las prioridades del país es crecer, exportar más y mejorar los niveles de inversión extranjera. Éste debería ser uno de los principales objetivos estratégicos. Asimismo institucionalizar el servicio exterior con una gestión mucho más profesional (no politizado) y con el personal idóneo.

Reactivar la Academia Diplomática, abrir espacios de consulta con universidades y centros de investigación (think tanks), que permitan fortalecer las acciones que podría emprender la Cancillería.

Allí cumple un papel importante también el nombramiento de una nueva “Junta Consultiva de Relaciones Exteriores”. Esperemos que estas prioridades estén dentro de lo que el presidente Sánchez Cerén ha dicho como “giros en la política exterior”.