Musicalmente hablando el réquiem es una composición que se canta con el texto litúrgico de la misa de difuntos. Pues lo mismo podría decirse de la agonizante democracia en Nicaragua, algo que la semana pasada volvió a ser noticia en medios de comunicación y a través de canales diplomáticos.

Opinión

Réquiem por la democracia en Nicaragua… Nicaragua parece tan cerca y tan lejos de El Salvador, porque mientras aquí enfrentamos una crisis política y diplomática que amenaza con dar al traste con la gobernabilidad…

Roberto Burgos Viale / Catedrático @burgosviale

lunes 24, mayo 2021 • 12:00 am

Compartir

Musicalmente hablando el réquiem es una composición que se canta con el texto litúrgico de la misa de difuntos. Pues lo mismo podría decirse de la agonizante democracia en Nicaragua, algo que la semana pasada volvió a ser noticia en medios de comunicación y a través de canales diplomáticos.

La situación no pudo ser más grave: luego de tres periodos consecutivos en la presidencia, el comandante Daniel Ortega junto a su esposa Rosario Murillo, pretende asegurarse un cuarto período de ejercicio en sus cargos de presidente y vicepresidenta, dando al traste con las escasas esperanzas de volver a la democracia que aun sobrevivían en el país vecino.

Para asegurar resultados que les favorezcan en las próximas elecciones de noviembre, la pareja Ortega Murillo siguió un plan que ya amenaza con convertirse en la receta de moda en la región centroamericana. Primero llenaron las instituciones contraloras del Estado con funcionarios incondicionales, luego se modificó a través de estos el ordenamiento y los precedentes jurídicos, para que así cobraran vigencia reglas más favorables a la ambición de la pareja de perpetuarse en el poder.

Pero como si todo esto no fuera suficiente, se implantó desde el jueves pasado una tercera etapa de choque contra las pocas libertades civiles que aún quedaban. En un derroche de violencia y arbitrariedad, la policía del régimen volvió a perseguir por las calles de Managua a periodistas que solo hacían su trabajo, el Ministerio Público se encargó de iniciar indagaciones administrativas y penales contra políticos de la oposición y por quien sabe cuántas veces ya, las oficinas de “El Confidencial” sufrieron un nuevo allanamiento, y todo por tratarse de una revista crítica al poder, liderada por el reconocido periodista Carlos Fernando Chamorro.

A todo esto es a lo que se refería el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, cuando declaró recientemente que: “Nicaragua se encamina a tener la peor elección posible…”. Lo que luego quedó comprobado de sobra, cuando se supo que el Consejo Supremo Electoral (CSE) canceló el martes pasado la personería jurídica del Partido Restauración Democrática (PRD) que reunía a un bloque opositor con una representatividad significativa de activistas, políticos de carrera y miembros de iglesias, entre otros.

La resolución del CSE podríamos considerable ridícula, si no fuera el tiro de gracia para la democracia de aquel pueblo hermano. En esta, los magistrados adeptos al Frente Sandinista, no solo infringieron su propia ley al admitir la impugnación de un partido político por parte de particulares, y no desde otro partido en contienda, como ya lo había declarado en casos anteriores. Además, se extendieron en su resolución, en una serie de señalamientos contra el partido cancelado, por la supuesta defensa de este de una ideología contraria a las tradiciones cristianas de la sociedad nicaragüense, como si de defender o imponer una nueva teocracia centroamericana se tratara


Téngase en cuenta que en Nicaragua se ha asesinado a más de trescientas personas desde la insurrección ciudadana encabezada por jóvenes estudiantes en abril del dos mil dieciocho, además, existen decenas de presos políticos y tanto el ejército como la policía actúan como brazos armados del sandinismo, lo que ha provocado una diáspora de personas que no solo se establecen en nuestra región, sino que además se suman al inmenso mar de seres humanos que a cuestas con sus tragedias personales y con muy pocos bienes,  intenta llegar a la frontera sur de los EE.UU para pedir asilo.

Nicaragua parece tan cerca y tan lejos de El Salvador, porque mientras aquí enfrentamos una crisis política y diplomática que amenaza con dar al traste con la gobernabilidad, -y que puede conducirnos por ese mismo camino- olvidamos con demasiada frecuencia que aquel país fue el refugio y el hogar de miles de salvadoreños que huyeron del territorio durante la guerra civil, que el éxodo nicaragüense pasa por El Salvador y que nuestra seguridad alimentaria depende de la producción de granos básicos y de la apertura de mercados en los países del istmo.

Lo que está pasando a nuestro vecino bien merece un pronunciamiento de la Cancillería, las muestras de solidaridad de las organizaciones de la sociedad civil que promueven la democracia, y la disponibilidad de todos los que quieran acoger en su hogar a un hermano centroamericano.