El nombre de Ilobasco lleva consigo el olor a la arcilla y al barro, en conjunto con la idea visual de jarrones y muñequitos elaborados por sus pobladores.

Escena

Recorriendo la capital de barro: Ilobasco

Texto y fotografía: Atilio Flores

lunes 25, junio 2018 • 12:00 am

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El nombre de Ilobasco lleva consigo el olor a la arcilla y al barro, en conjunto con la idea visual de jarrones y muñequitos elaborados por sus pobladores.

El municipio de Ilobasco está ubicado en el departamento de Cabañas, a 58 kilómetros de San Salvador. En sus inicios, la villa estaba conformada por cinco barrios y fue aumentando su población en varias residencias, con un casco urbano que, actualmente, alberga a más de 62 mil habitantes, contando ahora con 18 cantones y 111 caseríos, tres iglesias coloniales, un excine, y frondosos parques.

Su entrada principal conecta con el Barrio “El Calvario”, el cual es muy famoso por exhibir, en sus calles, las coloridas ventas de artesanías características de la población ilobasquense. No obstante, además de ser un pueblo altamente comercial, también se dedica a la agricultura y la ganadería.

El arte de las figuras en miniatura es algo que guarda y fascina a los visitantes, siendo una de las ramas de la cerámica en barro que más tradición tiene el pueblo. Este arte establecido por Dominga Herrera en la década de los años 20´s, cuando sólo contaba con seis años de edad, ha perdurado en muchas generaciones y la han consagrado como la matriarca en el arte en miniatura de la artesanía salvadoreña.

Sus calles recorridas constantemente por mototaxis, resguardan a su vez las iglesias y parques que han atestiguado el fervor de su pueblo por décadas, siendo sus principales fiestas en honor a San Miguel Arcángel, en septiembre; la Virgen de los Desamparados, en mayo y a la Inmaculada Concepción de María en diciembre, fiestas en las que se degustan las diversas delicias del maíz.

Si desea sentirse parte del pueblo, es indispensable que no olvide visitar la Casa de la Cultura para tener la experiencia de crear y pintar sus propias artesanías. También puede visitar sus restaurantes para probar platillos creados por los lugareños.


Tras sus calles atestadas de comercios, se oculta la arquitectura colonial, que alberga un sinfín de historias y colores e invita a querer descubrir lo que la villa de “San Miguel de Ilobasco” tiene por ofrecer, más allá de ser la capital de las artesanías en el país.