Hacía mucho tiempo que no me sentía tan mal como en esta semana que recién termina. Inundado de trabajo, revisando los reportes epidemiológicos diarios de la epidemia del COVID-19, leyendo los últimos artículos científicos sobre las nuevas evidencias que a diario salen, y en continuas reuniones con el equipo de respuesta de mi institución para procurar darle la mayor protección a nuestro personal de nuestras oficinas en casi 100 países, y los miles de comunidades con las cuales trabajamos. Es mi trabajo y trato de hacerlo lo mejor que puedo, pero eso sí, cada decisión que tomamos está basada en la evidencia publicada históricamente y la nueva evidencia que investigadores producen día a día.

Opinión

¿Qué le hemos hecho los salvadoreños?

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo

martes 17, marzo 2020 • 12:00 am

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Hacía mucho tiempo que no me sentía tan mal como en esta semana que recién termina. Inundado de trabajo, revisando los reportes epidemiológicos diarios de la epidemia del COVID-19, leyendo los últimos artículos científicos sobre las nuevas evidencias que a diario salen, y en continuas reuniones con el equipo de respuesta de mi institución para procurar darle la mayor protección a nuestro personal de nuestras oficinas en casi 100 países, y los miles de comunidades con las cuales trabajamos. Es mi trabajo y trato de hacerlo lo mejor que puedo, pero eso sí, cada decisión que tomamos está basada en la evidencia publicada históricamente y la nueva evidencia que investigadores producen día a día.

Estaba sentado y concentrado revisando unos gráficos recién publicados, cuando un compañero de mi colegio, el Externado de San José, me mandó un mensaje con el enlace de la conferencia de prensa que nuestro presidente, nuestro líder, daría por la cadena nacional de medios de comunicación. Pues nada, que me interesó, y me conecté con el enlace, dejando mi trabajo aun lado. Mis ojos se salían de sus órbitas, mis oídos se negaban a traducir el mensaje, y mi cerebro se desconectaba y se quedaba en el limbo. El shock inmediato, se transformó en tristeza, y esta a su vez en rabia. Como investigador y médico salubrista, con experiencia en pasadas epidemias, y con el conocimiento que estoy adquiriendo con esta nueva experiencia pude momentáneamente, transformar esa rabia, en curiosidad. ¿De dónde viene esta decisión política?

Indudablemente, nuestro presidente tiene por mandato y responsabilidad proteger a la población salvadoreña. Y es consabido, que muchas veces las decisiones apropiadas podrían ser difíciles y dolorosas de implementar. Pero también, todos sabemos que las decisiones políticas tienen que estar fundamentadas en la priorización de intervenciones técnicas, y en este caso en la información y recomendaciones que asesores técnicos le brindan a nuestro presidente. Y exactamente en ese momento comenzó mi búsqueda.

Entonces veamos lo que la evidencia nos muestra. Hay conceptos importantes de entender: cuarentena y aislamiento. Según el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, la cuarentena separa y restringe el movimiento de individuos que han sido “expuestos” a una enfermedad pero que aún no son sintomáticos. El propósito de la cuarentena es el prevenir la propagación de un contagio. Por el otro lado, el “aislamiento”, separa los enfermos, potencialmente infecciosos de la gente saludable. Entonces, de esto podemos asumir, que lo que el gobierno de El Salvador, por recomendación de asesores, hace, es asumir que toda persona que viene del exterior ha sido expuesta a la enfermedad del COVID-19. Entonces no entiendo, como una persona que viaja desde Guatemala o Nicaragua, donde no hay casos reportados de COVID-19, pudo haber sido expuesto a la enfermedad.

¿Si no hay casos en un determinado territorio geográfico, necesitamos protegernos de esa población? Nuestro presidente, aludió a Italia, durante su conferencia. Italia, realmente, está en una situación difícil. Su tasa de enfermedad por COVID-19 es la mayor del mundo (en marzo 13 era de 292.1 por millón de habitantes), cinco veces mayor que la de la propia China, donde comenzó la pandemia. Su tasa de mortalidad durante esa fecha era de 6.9%, casi el doble que la tasa de mortalidad de China. La epidemia de Italia, se esta comportando diferente a la epidemia de China. ¿Por qué? si es el mismo virus. Pues sencillamente, porque el comportamiento de las epidemias no depende solamente de las propiedades intrínsecas del bicho, también influyen otros factores, como el comportamiento de la persona, su edad, su sexo, si se chupa los dedos o no, la calidad de los servicios médicos, en fin, que, para diseñar intervenciones adecuadas de salud pública, hay que estudiar no solo el bicho, sino también la población.

Unos dicen que Italia reaccionó tarde, otros que Italia tiene la población mas vieja del mundo y por ello tanto muerto. Unos y otros podrían tener razón. Pero el punto es, que, así como las epidemias de China e Italia, son diferentes, así sus estrategias de contención y mitigación también deberían de ser diferentes. Y al final el punto es, que El Salvador si debiese de estar aprendiendo de la experiencia de otros países, pero no copiando. Nosotros no somos ni Italia ni China. Somos El Salvador. La evidencia colectada a través del tiempo nos enseña que la cuarentena no evita la introducción de una enfermedad, solo la demora, pero también la cuarentena y la restricción de viajeros tiene serios daños, que a lo mejor y a la larga sean peor que la enfermedad. Hay otras formas, incluso mas efectivas para confrontar a este virus, estrategias en intervenciones de salud pública menos vejatorias y dañinas. Yo sé quién es usted señor asesor, lo conozco, lo que no sabía y me pregunto: ¿por qué no quiere a nuestro país?