La predeterminación es uno de los conceptos a tener en cuenta cuando se habla –o cuando se hablaba- del principio de seguridad jurídica. Esto es, sobre la necesidad de contar con la certeza de que la ley sería cumplida y que esta obligaba a todos por igual, aceptándose de antemano que habría consecuencias en caso de incumplimiento o evasión.

Opinión

Presidente Bukele: año cero

Roberto Burgos Viale / Catedrático @burgosviale

lunes 31, mayo 2021 • 12:00 am

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La predeterminación es uno de los conceptos a tener en cuenta cuando se habla –o cuando se hablaba- del principio de seguridad jurídica. Esto es, sobre la necesidad de contar con la certeza de que la ley sería cumplida y que esta obligaba a todos por igual, aceptándose de antemano que habría consecuencias en caso de incumplimiento o evasión.

Esta abstracción requiere entre otros de un sentido del tiempo, de la permanencia. Una conciencia de que los plazos de vigencia de las normas, los alcances de sus disposiciones y los términos de cumplimiento que estas imponen, depende tanto de la sujeción de los aplicadores a una norma o principio superior, pero también a la idea de alcanzar un bien común, a la existencia de precedentes judiciales, y a todo un sistema de fuentes del Derecho, que permita amoldar la conducta humana a los fines de la justicia.

Durante los últimos dos años desde la Presidencia de la República, se ha intentado y logrado algo insólito, incluso para la historia salvadoreña: borrar el tiempo, anular el pasado, cambiar la evidencia de los hechos por la pretendida realidad de aspiraciones, relativizar la meta del bien común, para darle paso a la nueva idea de una mayoría absoluta, cuyo Gobierno está en permanente combate contra una minoría disidente, que lo tenía todo y que ahora no quiere compartir nada, estorbando con su disenso, las buenas intenciones del mandatario.

Esto no es todo, la sustitución de la simbología oficial, comenzando por las alcaldías y siguiendo con los tres principales Órganos de Estado, ha sido una tarea que trasciende el imaginario estético del poder. Es la expresión del avance sobre parcelas gubernamentales que ya han sido ocupadas, y sirve además como mensaje de que la homologación de todas las instituciones y su sometimiento a la voluntad del Ejecutivo, es la principal meta que se persigue, antes de dar el siguiente paso, en sintonía con un plan que nadie conoce.

Ahora que dicho objetivo ha sido logrado, queda en evidencia que la antigua idea de la seguridad jurídica ha sido prácticamente borrada. En su lugar, se le ha dado paso a la única certeza posible: que la voluntad del Presidente Bukele es y será infalible, y que por lo tanto sus actos en el Gobierno no tienen por qué estar sujetos a juicio alguno, por el contrario, la única limitación aceptable es la que determine la disponibilidad de recursos a su alcance y las que vengan dadas ante la necesidad de alimentar la imagen personal desde su campaña electoral.

Así pues, como si de un personaje de película de ficción se tratara, Bukele pone el contador del tiempo a cero cuando su voluntad lo requiere: hablar de siglos para realzar sus pretendidos éxitos ya es algo habitual, marcar su tono inaugural cuando de obras y planes de gobierno se refiere es su marca personal, y nada de lo que se hizo o existió antes en el país, cuenta con la veracidad que solo reconoce a  lo que toca o hace.


Por eso es que esta semana no es posible hablar de la inauguración de un  tercer año en la Presidencia de Bukele. Estamos como país en un detenido año cero. Nadie sabe para cuánto tiempo se considera ungido el mandatario y mucho menos cuánto tiempo planea mantenerse en el poder, no existe seguridad jurídica alguna y el único calendario político es el que marca su voluntad.