La clase política y el más conspicuo representante de una poderosa gremial privada, lucen ajolotados con el tema de la CICIES. Es que el presidente descubrió una figura para crearla, sin el aval de la impoluta Asamblea Legislativa y contradiciendo el “Plan Cuscatlán”. Si bien ello es comprensible en el marco de caracteres impredecibles, el solo anuncio de hacerlo antes de los primeros cien días de su gestión provoca temores en quienes la vox populi señala como corruptos.

Opinión

Preocupados, sofocados y ajolotados

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 26, agosto 2019 • 12:00 am

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La clase política y el más conspicuo representante de una poderosa gremial privada, lucen ajolotados con el tema de la CICIES. Es que el presidente descubrió una figura para crearla, sin el aval de la impoluta Asamblea Legislativa y contradiciendo el “Plan Cuscatlán”. Si bien ello es comprensible en el marco de caracteres impredecibles, el solo anuncio de hacerlo antes de los primeros cien días de su gestión provoca temores en quienes la vox populi señala como corruptos.

Se asume entonces que la tal comisión contra la corrupción e impunidad, ya no será implementada en las tres fases previstas en aquel documento que contemplaba que en la primera (junio 2019 a junio 2020) se buscaría establecer el acuerdo marco con el organismo internacional que correspondiera, ya sea la ONU o la OEA, al tiempo de presentar una propuesta para fortalecer las entidades del Ministerio Público (FGR, PGR y PDDH) con el fin de monitorear y depurar a “gente infiltrada”. En una segunda etapa (julio 2020 a abril 2021), se crearían los mecanismos de participación ciudadana para vigilar al Ministerio Público y al Sistema Judicial; se establecería una infraestructura de apoyo al denunciante, informante o testigo y se daría apoyo en la investigación y análisis de casos claves. Además, en ese lapso se buscarían acuerdos con los vecinos guatemaltecos y hondureños, a efecto de impulsar una batalla regional unificada contra la corrupción e impunidad. Y en una tercera y final etapa (mayo de 2021 en adelante), la CICIES podría ejercer un rol como “querellante adhesivo”, a tono con lo que establece la normativa procesal penal vigente.

El viraje del señor Bukele Ortez ha motivado todo tipo de reacciones. Desde la infeliz presentación de una propuesta hecha por un diputado del PDC que tiene dos novedades: la primera, es que la hizo el personaje menos indicado, cuyo palmarés ético lo resume Don Paul Steiner en su cuenta de Twitter, por tanto, puede ser consultado por cualquiera; la segunda, es que se propone investigar a los funcionarios públicos más relevantemente corruptos, no así a los corruptores, o sea, a los que en connivencia con los primeros se lucraron desde el ámbito privado en provecho de sus mezquinos apetitos y jugosos negocios.

El método que hoy quiere impulsar el presidente es lo que algunos cuestionan. Es justificable dicen, los que creen que si se hace bajo el amparo de las funciones constitucionales del Fiscal General de la República, podría tener cabida porque en las “comisiones especiales” (que el Fiscal puede crear) no se prohíbe expresamente que tengan apoyo internacional.

Para otros, el problema estaría en el alcance de la comisión, por considerar que no tendría facultades para investigar a los restantes dos Órganos de Estado, cosa que es bastante discutible si se toma en consideración, por un lado, que se podría hacer en armónica coordinación con el Fiscal General; por el otro, que no existe ninguna entidad ni organismo del sector público, a nivel fiscalizador o judicial, con la solvencia moral como para estar adoptando posturas impresentables.

Ocurre que estamos frente a quien dice ser el “presidente más cool del mundo”; que tiene un innegable apoyo popular, ciego y sostenido, ante el cuasi inexistente rol político opositor de las extremas políticas, hoy minimizadas a un nivel tan espantoso que cualquier cosa que digan sus dirigentes – por muy propositiva que sea – carece de credibilidad y cosecha los efectos contrarios.


La alocada carrera del presidente por imponer –una vez más– un nuevo capricho, podría no ser tanto el interés para combatir la gran corrupción de manera sustentada, independiente y efectiva, sino porque el año preelectoral está a la vuelta de la esquina y las elecciones también.

La intención de encarcelar a corruptos y corruptores es algo que la mayoría espera: ¡Robaron dineros públicos! Es Lógico entonces que corruptos y corruptores no duerman por estar preocupados, sofocados y ajolotados.