Una comerciante prepara un coco, a la orilla de la autopista Comalapa. / F. Valle

Economía

Pequeños negocios que también dependen del aeropuerto San Romero El aeropuerto San Romero no solo genera actividad para las aerolíneas, en sus alrededores decenas de negocios aprovechan el flujo de pasajeros.

Michell Quehl

viernes 18, junio 2021 • 5:30 am

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Desde los puestos de pupusas en Olocuilta, pasando por la plaza de los cocos, rentas de carros, hoteles, vendedores ambulantes, todos dependen de un factor: el movimiento de pasajeros a través del Aeropuerto Internacional de El Salvador San Óscar Romero, la principal plataforma aérea para el ingreso de turistas y negocios del país.

A diario, miles de personas transitan por la autopista de Comalapa con ruta hacia el oriente del país o al aeropuerto San Romero. A lo largo de 19 kilómetros desde Olocuilta hasta la plataforma aeroportuaria, varios negocios buscan aprovechar ese movimiento.

Sin embargo, por el confinamiento decretado durante cinco meses de 2020 muchos de estos negocios se vieron obligados a cerrar sus puertas y comenzaron a retomar dinamismo hasta que el aeropuerto San Romero inició operaciones en septiembre del año pasado. Nueve meses han pasado y varios pequeños comerciantes aseguran que el volumen de ventas ya supera niveles prepandemia.

Para llegar al aeropuerto San Romero el primer punto de conexión es el desvío a Olocuilta, conocido como el municipio de las pupusas de arroz. En la zona hay varios pupusódromos, uno de ellos ubicado en la calle principal que une la autopista Comalapa y la calle antigua a Zacatecoluca.

María Elena Portillo, dueña de Pupusería Elvi, comentó que desde la reapertura del aeropuerto se percibe un aumento de visitantes en las pupuserías alojadas en la principal calle de Olocuilta, tanto de residentes del país como de los turistas que desean comer pupusas.

Pequeños comerciantes de cocos, bebidas y semillas cerca del aeropuerto. / F. Valle


“Estamos viendo un aumento en las ventas en el negocio. Se ve que vienen más personas que antes de que hubiera pandemia; los fines de semana es cuando mejor vendemos por toda la gente que va a la playa o viaja fuera del país”, señaló Portillo, quien trabaja en la zona desde hace 15 años.

Durante la cuarentena domiciliar obligatoria, de marzo a septiembre de 2020, muchos de los comerciantes resintieron una caída en sus ventas debido a que estaba prohibido la circulación de transporte colectivo, la visita de las playas y otros lugares turísticos.

“Antes eran buenas las ventas, pero ya últimamente cambió todo, ya que en la cuarentena estuvo cerrado y ya después ha costado nivelarse un poco para que vuelvan los clientes”, aseguró Marilyn Sigaran, empleada de Pupusería de Kenia y Marilyn.

Fomilenio II trabaja en la autopista, cerca del aeropuerto. / F. Valle

Un golpe al bolsillo.

La pandemia también afectó el dinamismo de los comerciantes dedicados a elaborar artesanías, confirmó Marisol Rojas, quien elabora desde hace siete años muñecas de tusa, macetas y bisutería en semilla.

Rojas señaló que sus productos se venden más con las personas del extranjero por lo que, debido al cierre del aeropuerto, estuvo sin poder trabajar en el confinamiento. “Nosotros con los que vendemos son con los que viajan y por eso cuando cierran el aeropuerto o hay poca movilización de viajeros, es cuando más nos afecta a nosotros” afirmó.

Al seguir por la autopista al aeropuerto se encuentran varias opciones de hospedaje para aquellas personas que desean descansar de un largo viaje o alquilar vehículos, uno de ellos es el Hotel JYJ Renta Car, administrado por Jesús Segovia desde hace ocho años.

Segovia explicó que desde que el aeropuerto volvió abrir se ha dado un aumento de ingreso de personas al país y, para los que trabajan en ese rubro, las ventas han incrementado.

Los turistas son los principales compradores de las pupusas. / F. Valle

“Nosotros gracias a Dios, como dependemos del aeropuerto, nomas abrieron el aeropuerto nosotros nos mejoramos y ya empezamos a cubrir nuestros compromisos y pues hemos tenido más ventas que el año que no hubo pandemia”, aseguró.

La Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA) reporta que al cierre de 2020 por el aeropuerto San Romero se atendieron cerca de 1.08 millones de pasajeros entre llegada, salida, transbordo y tránsito, una cifra inferior contra los más de dos millones que se recibieron en 2019.

La estatal reporta que 9,167 naves hicieron un aterrizaje en 2020 en el aeropuerto San Romero en 2020. Las cifras son inferiores a 2019 debido al cierre de la terminal por cinco meses.

La empresa estatal reporta que la llegada de pasajeros comenzó a caer desde marzo de 2020 y se mantuvo en mínimos hasta septiembre, cuando se retomaron las operaciones. Durante ese período solo se atendieron vuelos humanitarios y de carga internacional.

Los vendedores de artesanías resienten una caída de ventas por la pandemia. / F. V.

La plaza de cocos.

A la orilla de la carretera se vislumbran unas champas improvisadas donde se encuentran los vendedores de frutas, cocos y semillas de marañón. Estos se pueden ver específicamente si se viene del aeropuerto o de oriente, por la Litoral, y entronca con la autopista de Comalapa, en la jurisdicción de San Luis Talpa.

Dentro de un puesto improvisado se encuentra Cruz Morales de 55 años. Originaria de Santa Ana, Morales lleva 33 años residiendo en la zona y 13 de dedicarse a la venta de cocos, mangos y semilla de marañón en la carretera Comalapa.

Morales indicó que junto a su familia subsisten de los ingresos que deja la venta de cocos y que desde que se incorporaron nuevamente a vender han visto movimiento entre las personas locales como extranjeras, mejorando así sus ventas.

Olocuilta es reconocido por sus pupusas de arroz. / F. V.

“Nosotros vendemos con los que viajan, con los turistas vendemos el coco y hay momentos en donde se pone bonita la venta, pero ya después de un tiempo se vuelve a calmar”, dijo.

Morales recordó que la pandemia del covid-19 los encontró con mercadería, la cual perdieron durante los meses que no pudieron salir a vender a la calle. Estimó que les generó una pérdida de entre $600 y $700.