Pasadas las elecciones se percibe que la amenaza del “totalitarismo legalizado” será frenada por la derecha legislativa toda vez que ésta juegue limpio, es decir, que ni los grandes compren voluntades, ni los pequeños se vendan por cuotas institucionales, como ha ocurrido en el pasado.

Opinión

Peligros de la inminente alternancia presidencial

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 19, marzo 2018 • 12:00 am

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Pasadas las elecciones se percibe que la amenaza del “totalitarismo legalizado” será frenada por la derecha legislativa toda vez que ésta juegue limpio, es decir, que ni los grandes compren voluntades, ni los pequeños se vendan por cuotas institucionales, como ha ocurrido en el pasado.

Habrá alternancia presidencial, pero no estará exenta de peligros.

1º) ARENA. A estas alturas ya debieron aprender la lección dejada por el  binomio Saca-Funes. Si por desgracia se les ocurriese volver a considerar al Estado como  patrimonio para hacer negocios o regresar al mercantilismo para favorecer a sus financistas, estarían caminando derechito a la autodestrucción. Si acaso piensan  comprar voluntades en el PCN o en GANA, legislando para favorecer unos pocos y perjudicar a las mayorías, el suicidio político sería automático para estos últimos.

Pero si han entrado en razón, como parece, aceptando con humildad su reciente “victoria” (que en realidad fue un castigo al Frente, por muchas de sus erráticas políticas) y vuelven a sus raíces para reconstruir (otra vez) el país, podríamos esperar días mejores.

2º) FMLN. Si siguen con su paranoia de ver la oposición política, el gran empresariado,  los medios de comunicación social y la Sala de lo Constitucional como sus enemigos, no han evolucionado para nada. “Si volverán a las calles para defender los derechos del pueblo” como lo ha dicho la señora Norma Guevara, no solo se equivocarán otra vez, sino que ratificarán su obediencia ciega  al más reciente Foro de Sao Paulo: “tomarse todas las instituciones del Estado”.

Pero si con humildad y realismo aceptan lo equivocado de sus políticas; si de verdad corrigen el rumbo y toman conciencia que El Salvador no quiere ningún tipo de socialismo confiscador (como el de don Medardo) quizás hasta podrían mejorar electoralmente, pero sin ganar las presidenciales.


3º) Nuevos partidos. Ya sea que Bukele y Asociados o Wright Sol y  los líderes, sus mensajes deberían tener menos hojas y más tamal. La sociedad civil ya no se deja engatusar con populismos baratos, fórmulas mágicas, promesas vanas, propuestas románticas o cantos de sirena, que suenan bien y se oyen bonito, pero que no dicen nada.

Tener certidumbre del rumbo del país es lo que cuenta. Y el nuevo Presidente deberá contar con los apoyos legislativos necesarios para sacarlo adelante, no para terminar de hundirlo. Se debe recuperar la confianza perdida en la comunidad internacional.

En realidad, El Salvador no necesita de Presidentes. Probado está que en los dos últimos gobiernos, uno anda huyendo mientras que el otro ha estado ausente.

Lo que el país requiere con urgencia es un Estadista,  una persona con conocimientos fundamentales sobre tres cosas: 1º) Cómo funciona el Estado. 2º) Cómo se administra el arte y la ciencia de la política y 3º) Cómo se comporta el conjunto de transacciones e intercambio de bienes y servicios entre individuos y países, llamado mercado. Y todo, en función de las necesidades del país. Un Estadista no debe poner excusas, escudarse en fallas o argumentar atrasos. Simplemente debe asumir el deber de resolver desde el primer día de su mandato.

Debe apuntar alto, hacia un modelo de “Capitalismo Democrático”, resultante de combinar democracia, bienestar social y capitalismo, que provoca que la seguridad social (empleo, educación, pensiones, servicios públicos de calidad, etc.) dejen de ser solo para algunos y se extiendan también hacia las grandes mayorías.

El  “Capitalismo Democrático” se contrapone al “Capitalismo Salvaje”  (calificado así por Juan Pablo II) por la alta concentración de riqueza en pocas manos, en contraste con la pobreza de su entorno a la que no alcanza llegar el bienestar.

“Capitalismo Democrático” solo existe cuando los funcionarios no roban; cuando el Presidente busca amplios consensos con todos los sectores; cuando el gobernante respeta la Constitución y las leyes. Que un nuevo Presidente soslaye todo lo antes expuesto, es lo que verdaderamente configurarían los peligros de la inminente alternancia presidencial.