Cada 14 de cada mes, la feligresía católica eleva plegarias en conmemoración a la muerte del padre Cosme, en San Juan Nonualco, en la gráfica una de las procesiones de 2016. / Cortesía de Efraín Delgado

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Papa nombra mártir a fraile asesinado en El Salvador El martirio es un paso para su eventual canonización, previa beatificación. Ayer, las campanas de la iglesia de San Juan Nonualco -su parroquía- tocaron sus campanas por la noticia.

Redacción DEM

jueves 28, mayo 2020 • 12:01 am

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El sacerdote franciscano italiano, Cosme Spessotto Zamuner, fue nombrado mártir de la Iglesia Católica por el papa Francisco, ayer. Spessotto fue asesinado en El Salvador donde sirvió por 30 años.

“Hoy el mundo se alegra con la aprobación que el papa Francisco ha hecho, haciendo brillar la virtud de este sacerdote, Cosme Spessotto. Un santo, no solo porque murió de esa manera, sino por su sacerdorcio”, dijo ayer en su misa diaria el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar.

El sábado 14 de junio de 1980, mientras Spessotto rezaba antes de oficiar la Santa Misa por su recuperación -acababa de ser diagnosticado de Leucemia- fue abatido a balazos por desconocidos, frente al altar mayor de su Iglesia parroquial en San Juan Nonualco, La Paz, iglesia que ayer repicó sus campanas en la mañana, por la noticia del martiriato.

Durante los años de guerra civil salvadoreña, el mártir denunció las injusticias y atrocidades que se estaban realizando y ayudó a enfermos y cuantos le necesitaban. Recogía cadáveres en las cunetas y los enterraba. No hacía distinción de bandos.

El Papa Francisco aprobó el martirio de Cosme Spessotto, nacido el 28 de enero de 1923 en Mansué (Italia) por odio a la fe.

El Vaticano explica que el cura “no hizo política” sino que “ejerció su ministerio sacerdotal, tratando de mediar entre las partes en conflicto” y, por lo tanto, es posible identificar como motivo de su muerte el “odium fidei”, es decir, el odio a la fe.


El martirio -añade la Santa Sede- también surge de sus escritos, en los que expresó su disposición a perdonar a sus posibles asesinos. Sabía que estaba en peligro porque había recibido amenazas.

“Los superiores le habían sugerido que regresara a Italia, pero él, impulsado por la caridad pastoral, quería quedarse en El Salvador para no abandonar a su pueblo”, se lee en la nota.

El martirio es un paso para su eventual canonización. En El Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, ya elevado a santo y el sacerdote Rutilio Grande, ya han sido declarado mártires previamente.