Cuando hablamos de “opinión pública”, lo hacemos refiriéndonos a un concepto multidisciplinar en cuya formación participan multitud de condicionantes. Las dificultades, en consecuencia, para establecer una definición plausible del término son notorias.

Opinión

Opinión pública, entre la intuición y el conocimiento

Sherman Calvo / Empresario

lunes 31, agosto 2020 • 12:00 am

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Cuando hablamos de “opinión pública”, lo hacemos refiriéndonos a un concepto multidisciplinar en cuya formación participan multitud de condicionantes. Las dificultades, en consecuencia, para establecer una definición plausible del término son notorias.

Hasta el momento, la investigación no ha podido presentar una conceptualización que abarque todas las perspectivas desde las que se puede estudiar el fenómeno. Las definiciones son abundantes, los puntos de vista que se adoptan enormemente variados, y los factores que hay que tener en cuenta para definirla concurren de tal forma, que se antoja una tarea enormemente dificultosa obtener una definición “definitiva”, desde todos los puntos de vista. En la práctica, lo poco a lo que podemos aspirar es a aislar una definición mínimamente operativa que nos permita avanzar en la investigación.

Muchos han sido los autores que han estudiado la opinión pública desde las más variadas disciplinas, llegando a conclusiones muy dispersas, incluso contradictorias, sobre las funciones, características y, en suma, definición de la misma. De igual manera, el estudio de la opinión pública puede dedicarse a muchos fenómenos relacionados con ella.

La opinión pública es la tendencia o preferencia, real o estimulada, de una sociedad o de un individuo, hacia hechos sociales que le reporten interés. El término opinión pública ha tenido y tiene, una variedad muy grande de definiciones. El profesor Harwood Child había encontrado, después de una copiosa recopilación, que se manejaban cincuenta definiciones en la literatura especializada. Por ello, Phillips Davison, profesor de la Universidad de Columbia en su artículo “Opinión Pública”, señalaba en forma pesimista que “no hay una definición generalmente aceptada de opinión pública”. Pese a ello, el término se ha utilizado con mayor frecuencia. Él mismo reconoce que los esfuerzos por definirlo, han llevado a expresiones de frustración tales como que la opinión pública “no es el nombre de ninguna cosa, sino la clasificación de un conjunto de cosas”.

La opinión pública ha sido el concepto dominante en lo que ahora parece referirse a la comunicación política. Y es que después de muchos intentos y de una más o menos larga serie de estudios, la experiencia parece indicar que opinión pública implica muchas cosas a la vez; pero, al mismo tiempo, ninguna de ellas domina o explica el conjunto. Además, con el predominio de los medios de comunicación tradicionales y ahora los nuevos medios digitales, en una sociedad masificada, el territorio de la opinión parece retomar un nuevo enfoque.

En el que pudiera ser el primer libro escrito sobre el tema –Ensayo sobre la opinión pública–, su autor, Arcadio Roda Rivas, escribía que “en matemáticas no se ha encontrado la relación exacta de la circunferencia al diámetro; en economía social no se ha podido descubrir la medida exacta del valor, y en política tampoco existe medida exacta de la opinión pública”. Ortega y Gasset define opinión pública como un sistema de usos intelectuales; para Carlos Marx, es una máscara de la clase burguesa. En otra definición aparece como producto de los sentimientos. Carlos Cossio la sitúa entre la intuición y el conocimiento. Octavio Paz piensa que es un sistema manejado como un barco, una industria. Con el mismo espíritu, Ernesto Sabato ha escrito que “la opinión pública sigue siendo quien impone gobiernos, pero resulta que estos gobiernos son los que crean la opinión pública. Yo creo que la opinión pública es la conciencia de un poder anónimo e imprevisible”. Napoleón, que en algún momento calificó de imbéciles a los que creían en la opinión pública, hubo de reconocer que ningún poder político es capaz de someterse indefinidamente contra ella.


Podríamos agregar otras definiciones, explicaciones y juicios que sobre la opinión pública se han hecho, pero esto solo serviría para evidencia aún más de las dificultades que su estudio presenta. Y es que no resulta sencillo encontrar una respuesta valedera para contestar qué es este fenómeno, a menudo esclavizante, pero siempre glorificado, que llamamos opinión pública. Por más que la opinión pública es una de las referencias más comunes, resulta compleja, acaso porque es pauta de ajuste de otro fenómeno mayor: el del comportamiento humano, a la hora de aclarar y analizar las ideas.