Desde hace ratos la Asamblea Legislativa está en el sótano de la opinión ciudadana, con el agravante de seguir auto llamándose “primer órgano del Estado”. En su momento escribí: “La fragilidad ética profesional pesa mucho en la mala imagen de los diputados. Aquellos con mayor rodaje legislativo creen que el fogueo parlamentario les otorga una experiencia infalible y un derecho de piso incuestionable” (Artículo “Por qué son tan mal vistos los diputados” DEM/09/FEB/2014).

Opinión

Odiados por la población, no los quieren ver ni en pintura

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 1, octubre 2018 • 12:00 am

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Desde hace ratos la Asamblea Legislativa está en el sótano de la opinión ciudadana, con el agravante de seguir auto llamándose “primer órgano del Estado”. En su momento escribí: “La fragilidad ética profesional pesa mucho en la mala imagen de los diputados. Aquellos con mayor rodaje legislativo creen que el fogueo parlamentario les otorga una experiencia infalible y un derecho de piso incuestionable” (Artículo “Por qué son tan mal vistos los diputados” DEM/09/FEB/2014).

Fiel creyente de que la crítica que se haga debe ser propositiva y constructiva,  en otro momento me referí a la “viajadera” de los diputados, la mayoría de veces innecesaria porque no agrega valor público ni a la calidad, efectividad, intereses y misión constitucional del Órgano Legislativo. Por eso, hice recomendaciones que, en mi opinión, siguen vigentes (Artículo “Las asesorías y misiones oficiales en el sector público” DEM 08/06/2015).

Relaciono ambos temas (la mala imagen de los diputados y su “viajadera” con dineros públicos) a propósito de la misión oficial asignada a tres diputados para presenciar la canonización de Monseñor Romero. Uno de los viajeros desistió, forzado a entrar en razón ante la indignación popular del hecho, y por un pequeñísimo detalle: esa misión oficial no tiene nada que ver con la misión constitucional, legal y técnica que tiene la Asamblea. Sin duda, el diputado Numan Salgado supo apreciar que la inteligencia humana nos otorga la capacidad para corregir aquello en lo que nos equivocamos y que aún puede enmendarse.

Un colega de su partido, que por cierto acaba de cambiar de color, ideario y metas, tuvo la valentía de decir la pura verdad:”Todos los diputados se pueden pagar el boleto de un avión; no es posible que a veces uno va con su familia y se le quedan viendo y lo insultan, porque creen que viajamos con gastos de la asamblea. Somos odiados por la población y no nos quieren ver ni en pintura, porque cuando ven a un diputado que se monta a un avión y se va para Roma o ven a un diputado que va para China y la gente no tiene con qué comer ¿qué les podemos decir? Y los que vamos pagando nuestro tiquete nos vamos en la colada”.

Nadie en su sano juicio podría descalificar las expresiones del diputado Francis Zablah, reflejo del sentir y pensar de la ciudadanía.

Otro viajero, zorro de la política, tampoco viajará pero utilizando una excusa más elegante: “por atender la sugerencia del señor Arzobispo de San Salvador”. Una tercera viajera, de manera más silvestre justificó viajar con gastos pagados por el Estado ya que sus deudas le impedían viajar por si sola al Vaticano.


Otro diputado, que no es de la comitiva viajera a Roma, señaló que no todos los diputados pueden costearse un viaje al exterior.  A lo mejor hablaba desde la experiencia que le brindan sus 21 años en el cargo, donde ni su pensión, salario actual, ni prestaciones, tampoco serían suficientes. Es el mismo que se metió en política, después de haber sido cuestionado por la “comisión de la verdad”.

Francis Zablah, ha dicho lo que miles de ciudadanos piensan. Lastimosamente lo hace desde un partido al  que una vez renunció por algún motivo (que debió ser amargo u oscuro, dada la rectitud mostrada hasta ahora por el referido diputado). Cuando lo convencieron que regresara, quizás nunca se imaginó que después lo vería pintado con un nuevo color.

Pero eso no invalida la valentía y veracidad de lo que dijo, al solicitarle al presidente de la Asamblea someter nuevamente a votación uno de los viajes que pasarán a la historia por una sencilla razón: dos de los diputados designados a un acto estrictamente religioso en el Vaticano tienen las manos manchadas. Una, con la sangre de soldados; el otro (el último en desistir) con la de una mujer policía.