Opinión

Nuestro señor presidente

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 3, agosto 2021 • 12:00 am

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El perfil de un populista ya lo tenemos bien definido. La cosecha de esas anormalidades que surgen con fuerza como síntomas de democracias enfermas, ha sido pródiga últimamente.

El señor presidente encaja en la mayoría de las características que perfilan a un populista. No tiene nada de estadista, pero eso, en sí, no lo hace un mal presidente.

Calificar la gestión de un gobierno solo es válida al final de dicho gobierno. Es como cuando se compra una casa con la intención de venderla a futuro. No se sabe si fue buen negocio hasta que ya se tiene el billete de la venta en el banco. Pero sí se puede saber si las cosas van bien o mal, y hacia a dónde nos encaminamos.

El aguijonamiento constante al pasado, utilizando frases cortas y agudas, que el pueblo quiere escuchar (y yo me incluyo): “Devuelvan lo robado”, “Cuando no se roba el dinero alcanza”, etc., es típico de la demagogia. Toca y acaricia con las yemas de sus dedos la emoción popular de una nación desesperada, pero… paren de contar, pues después de esas frases ya no hay nada, más nada, solamente más frases ocurrentes.


No es un estadista, no cita la historia, no hace comparaciones macro ni microeconómicas, no tiene cultura política ni económica alguna. No hay planes ni presupuestos. Solo frases ocurrentes.

Ahora veamos, ¿cuáles han sido las puestas en escena -hasta ahorita- en este gobierno populista y demagogo?

Lo primero, hablar de una nueva Constitución. Me suena a tan Venezuela chavista esa casaca, que para qué hacer más comentarios.

Lo otro, centrar la información de homicidios. O sea, desinformar al pueblo para hacerlo creer que las cosas están mejorando. ¿Cero homicidios en El Salvador? ¡Paja! Volvemos a lo de los desaparecidos en tiempos del nefasto Funes y su pinche tregua.

¿Quitarles poder de decisión a entes autónomos? Eso es decir: “Aquí mando solo yo. No se aceptan opiniones diversas ni adversas”.

Lo de las FF. AA. fue una chulada, una hermosura que yo no veía desde que se lo hicieron en España al Rey Juan Carlos. ¿Llevar soldados al Salón Azul? ¡Guau! ¡Qué puesta en escena!

Ya, en serio, eso fue una profanación. ¡Claro! La gente no lo entiende. Sigue enamorada con el “Devuelvan el dinero”.

Después, centrar y concentrar la información de infectados y muertes por la covid, ocultar los gastos en las compras para combatir la pandemia, etc.

Y llegó el triste 1° de mayo que pasará a la historia. Ni los de ARENA, cuando era comandada por la difunta Salguero Gross, y sus nenes René Figueroa, Gerardo Suvillaga y Walter Araujo, fue tan descarada. No se quedan muy atrás, pero nunca fueron tan sinvergüenzas.

Bueno, y las cosas siguen y siguen. ¡Mi gente! No es lejano el día en que se queden sin acceso a la web, o sea, con internet gratis, pero solo para acceder a las plataformas del gobierno.

Y vendrán más medias populistas como el reciente proyecto de ley aprobado para hacer pasar a los deudores morosos, en menos de tres años, como blancas palomitas sin registro alguno. La “pipol” no tiene ni idea del daño que se le hace al sistema financiero, en el cual, aquéllos, estarán también perjudicados. Acceder a un crédito será casi imposible para la gente de a pie. ¿Qué va a quedar? Nacionalizar los bancos. ¿Me entiendes Méndez?

Qué lástima que el señor presidente tan pulcro, de barba masculina y siempre impecable, con sus pañuelos y calcetines en rima; eche al traste su carisma, su trabajo inagotable, la paliza a los partidos tradicionales, su buen manejo de la pandemia en cuanto a cierre, confinamiento y apoyo. Qué lástima en verdad.

Yo lo entiendo, pero aún me parece inconcebible que alguien, una mentecita tan acomplejada y desordenada, pueda influir en un país y darle vuelta. Ese asombro siempre me embarga cuando pienso en Adolfo Hitler.

Finalmente, antes que la censura sea perra, me sorprende cómo ha obligado a todos a que se vistan como los musulmanes laicos: con saco y sin corbata y con barba. Me acuerdan a Mahmud Ahmadineyad.

Es un genio, sin duda, maligno, pero genio.

La pregunta es, ¿a dónde nos lleva?