El desarrollo de los municipios en El Salvador se ha caracterizado por una alta concentración del poder económico y político en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) donde vive el 27.1% de la población. Esto implica una demanda creciente de bienes y servicios públicos que el gobierno central y las alcaldías no han podido suplir con cobertura suficiente y calidad adecuada. Mientras que los municipios del AMSS presentan los mejores indicadores de desarrollo, los departamentos en los extremos del país, Ahuachapán y La Unión, presentan los peores índices de pobreza multidimensional, 50.1% y 42,8% respectivamente. En los municipios de esos departamentos, como en la mayoría, no hay un dinamismo económico para crear empleos de calidad, que genere ingresos propios para la inversión, y evite la migración.

Opinión

No hay recetas mágicas para el desarrollo municipal La reciente decisión del presidente de bajar el FODES y centralizar la ejecución de obras afectará la incipiente inversión local, en particular en las municipalidades más pequeñas.

Roberto Rivera Ocampo / Consultor en desarrollo y políticas públicas @RobertoMOcampo

jueves 15, abril 2021 • 12:00 am

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El desarrollo de los municipios en El Salvador se ha caracterizado por una alta concentración del poder económico y político en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) donde vive el 27.1% de la población. Esto implica una demanda creciente de bienes y servicios públicos que el gobierno central y las alcaldías no han podido suplir con cobertura suficiente y calidad adecuada. Mientras que los municipios del AMSS presentan los mejores indicadores de desarrollo, los departamentos en los extremos del país, Ahuachapán y La Unión, presentan los peores índices de pobreza multidimensional, 50.1% y 42,8% respectivamente. En los municipios de esos departamentos, como en la mayoría, no hay un dinamismo económico para crear empleos de calidad, que genere ingresos propios para la inversión, y evite la migración.

Por otro lado, las intervenciones de los diferentes actores en los territorios no son articuladas, a lo que se suma la forma poco eficiente en la que se invierten los recursos disponibles. El endeudamiento municipal ya superaba los $500 millones en 2017, y muchos municipios dependen de la transferencia del FODES. Al día de hoy, el Ejecutivo adeuda casi $400 millones, lo que hace cada vez más crítica la situación de los municipios, sobre todo en un contexto de pandemia, crisis económica y eventos climáticos severos como las tormentas de 2020.

La decisión de aumentar el FODES siempre se basó en la capacidad de cabildeo de la gremial de los alcaldes (COMURES), pero sin fundamento técnico alguno. La reciente decisión del presidente de bajar el FODES y centralizar la ejecución de obras afectará la incipiente inversión local, en particular en las municipalidades más pequeñas.

Es un buen momento para replantearnos el desarrollo territorial de El Salvador. No hay recetas mágicas, pero mínimamente se deben promover acuerdos de país en los siguientes puntos:

  • Planificación territorial: el país debe orientar de forma estratégica la inversión para desarrollar los territorios de forma sostenible en función de su potencial endógeno, y así lograr dinamizar las economías locales, generando empleo suficiente y de calidad.
  • Servicios públicos de alta calidad: la mejor forma de desarrollar los territorios es invirtiendo en las personas (educación, salud, vivienda, agua y saneamiento, protección social), por lo que se debe definir el estándar de los bienes y servicios públicos que nos merecemos recibir todos los salvadoreños, independientemente del lugar de residencia. Luego se debe definir el costo de esos servicios y el nivel de gobierno que es más eficiente para brindarlos.
  • Descentralización del Estado: hace falta una clarificación competencial entre el gobierno central y el gobierno local para iniciar un proceso ordenado de desconcentración y descentralización del Estado para trasladar gradualmente competencias a los gobiernos locales.
  • Capacidad de los gobiernos locales: el gobierno local es la institución más cercana a los ciudadanos y conocen mejor sus problemáticas, sin embargo, sus capacidades para resolverlas son limitadas, por lo tanto, deben ser fortalecidas para asumir las competencias actuales y futuras que deriven de la descentralización, así como para liderar los procesos de desarrollo en sus municipios.
  • Nuevo modelo de financiamiento del desarrollo territorial: el FODES no resuelve todos los problemas de financiamiento, éste debe complementarse con otros instrumentos de financiamiento del desarrollo local que deben condicionarse a resultados, nuevas competencias, generación de recursos propios, que se inviertan en proyectos con rentabilidad económica o social medible. Esa es la única vía para poner un alto al endeudamiento de las alcaldías.
  • Revisión del marco legal e institucional: en El Salvador existe excesiva legislación, mucha de ella desfasada, que frena el desarrollo de los territorios. Es el momento de revisar la Ley de Ordenamiento y Desarrollo Territorial y modernizar todas las leyes asociadas. Asimismo, la creación del Ministerio de Desarrollo Local debió ser la oportunidad para que la intervención de todas las instituciones Estado en el territorio fuera articulada y tuviera un mayor impacto.
  • Transparencia y combate a la corrupción: la fiscalización en la ejecución de los recursos por parte de la Corte de Cuentas, pero sobre todo de la ciudadanía es importante para que los gobiernos locales se conviertan en el actor protagónico del desarrollo territorial.

Todo esto es posible, pero depende de una visión clara del Ejecutivo, la concertación con los diputados (oficialistas y de oposición) y del liderazgo de la nueva generación de alcaldes que asumirá a partir del 1 de mayo.