Al modo en que interactúan gobernantes y gobernados en el proceso de toma de decisiones se le denomina gobernanza. Es una ventana de oportunidad para construir democracia, escuchar y resolver los problemas de la gente, fortalecer la institucionalidad democrática y dignificar la vida de la persona humana, principio y fin de la actividad estatal.

Opinión

“No es fácil gobernar”

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 27, enero 2020 • 12:00 am

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Al modo en que interactúan gobernantes y gobernados en el proceso de toma de decisiones se le denomina gobernanza. Es una ventana de oportunidad para construir democracia, escuchar y resolver los problemas de la gente, fortalecer la institucionalidad democrática y dignificar la vida de la persona humana, principio y fin de la actividad estatal.

Ello requiere que quienes gobiernen generen una credibilidad tal, que abra paso a la  predictibilidad política, a la capacidad de los gobernados de prever escenarios futuros a partir de las condiciones, hechos, discursos y acciones provocadas por quien gobierna, algo verdaderamente fundamental ante la fenomenología –inestable y explosiva– del teatro político continental, donde hay un común denominador en la clase política: piensan una cosa, dicen otra y terminan haciendo algo distinto a lo que pensaron y dijeron. Por cierto, esa es una característica infaltable en los gobernantes populistas.

A nivel discursivo, el 2020 ha comenzado con un par de eventos importantes que han rayado la cancha del actual inquilino de Casa Presidencial, caracterizado por la impulsividad, propia de la gente joven.

Primer evento. La aceptación expresa y pública del presidente Bukele consignada en su cuenta de Twitter: “No es fácil gobernar”.  No es una simple expresión sino una frase que refleja una angustia metafísica que sale a luz empujada por la fuerza del mundo real, por los hechos concretos, por la verdadera praxis política en la que unos sujetos someten y otros se ven sometidos.

Segundo evento. Son las disculpas públicas que en representación del Ejecutivo, ha expresado el Doctor Bukele en el caso de la contaminación del agua. Otra vez las circunstancias del mundo de carne y hueso, obligaron al mandatario a tomar el único sendero por el que  de ahora en adelante  debería dirigir sus pasos: el de la verdad. Eso quedó meridianamente claro cuando Bukele desmintió a  dos de sus funcionarios. Al que dirige la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y a la que preside el Ministerio de Salud. Ambos defendieron irresponsablemente y a ultranza la inocuidad del agua que consumen los capitalinos. Al presidente no le quedó otro camino que dinamitar lo dicho por aquellos funcionarios expresando: 1º) Que el agua que distribuye la ANDA no es potable. 2º) Que él toma agua…pero de filtro. 3º) Que la contaminación del agua afectó a 1.2 millones de personas. 4º) Que los funcionarios aludidos, al defender la inocuidad del agua, no lo hicieron con mala intención y por eso “solo les llamó la atención”.

Al juntar todas aquellas aseveraciones se llega fácilmente a la frase lapidaria de que “no es fácil gobernar”, lo que a su vez da pie para emitir algunas consideraciones independientes que –estoy segurísimo– desde el interior del Ejecutivo nadie se las haría al presidenteBukele.


En primer lugar, es nocivo y peligroso rodearse de funcionarios zalameros y aduladores. Son burócratas que por la ambición de mantenerse en el puesto, por necesidad, o por ambas razones, pueden ver que su jefe va directo al despeñadero y en lugar de alertarlo, terminan de empujarlo. La crisis del agua es un problema de dimensión nacional, por tanto, requiere ser abordado multidimensionalmente, con tecnicismo y con verdad, cualidades ausentes en toda persona que tenga el mal hábito de adular.

En segundo lugar, todo el capital político del doctor Bukele debería servir para generar la confianza y la predictibilidad que se requiere en  toda democracia.

En tercer lugar, el ejercicio del buen gobierno nunca ha sido fácil. Está de por medio la musculatura ética que posea el gobernante, cosa que pasa por decir la verdad en todo tiempo, lugar y circunstancias.

En cuarto lugar, resulta esperanzador que el presidente Bukele se haya expresado de aquella forma; es un indicador de que comienza a sentir la enorme responsabilidad que implica gobernar y los peligros que conlleva el hacerlo mal.

En quinto lugar, el capítulo del agua  –apestosa y contaminada– debería aprovecharse para corregir errores que en el orden humano tiene todo gobernante, pero también se configura como una oportunidad para madurar en el orden político, cosa que resulta imperativa ante los cursos de acción que le serán demandados a  Bukele, en la eventualidad que ocurran otro tipo de eventos que afecten la vida de los habitantes del país. Hoy fue el agua, mañana podría ser otro desastre provocado por la naturaleza o uno de tipo político, de esos que son desatados por las ambiciones de poder. Sin duda, no es fácil gobernar.