Todos los trucos de magia terminan por mostrar sus costuras. Lo saben los antiguos magos y lo saben también los nuevos magos del tiempo virtual del-mundo-mundial. Quizá no está mal, que frente a las aflicciones que padecen los habitantes (¡supervivientes!) de unas tierras esquilmadas como las nuestras, no, no está mal que se sueñe un rato con pajaritos preñados. Eso ayuda a aligerar la carga y despabila el andar, a condición de no olvidar de dónde se viene y cuál es el clamor de las tripas de las urgencias sociales.

Opinión

Mostración de urgencias ¿Esto del 15 de septiembre es el anuncio de grandes acciones de masas frente al estado actual de cosas? ¿Hay novedad en esa expresión masiva del 15 de septiembre o se trata de las mismas marchas de antes?

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

miércoles 6, octubre 2021 • 12:00 am

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Todos los trucos de magia terminan por mostrar sus costuras. Lo saben los antiguos magos y lo saben también los nuevos magos del tiempo virtual del-mundo-mundial. Quizá no está mal, que frente a las aflicciones que padecen los habitantes (¡supervivientes!) de unas tierras esquilmadas como las nuestras, no, no está mal que se sueñe un rato con pajaritos preñados. Eso ayuda a aligerar la carga y despabila el andar, a condición de no olvidar de dónde se viene y cuál es el clamor de las tripas de las urgencias sociales.

Quien, a estas alturas de la circunstancia humana, se imagine que hay un horizonte de leche y miel esperando en algún recodo del camino, y que tal paisaje puede ofrecerse sin costos a los incautos ciudadanos de hoy, quien así obre, está siendo víctima de su propia alucinación. Y peor si esto está ocurriendo en un país minúsculo como El Salvador, donde, por donde se le examine, la condición de dependencia estructural no hay maquillaje que la pueda ocultar. Así, el presupuesto de Chile, para 2021, es de 73 mil 234 millones de dólares y el de El Salvador, para el mismo año, es de 7423 millones de dólares. Para El Salvador, véase su déficit de la balanza comercial (exportaciones frente a importaciones), su deuda externa, su descalabrado sector agropecuario, y no hay manera de que el país pueda mostrarse como una experiencia viable. Chapoteamos en un charco, no nadamos en alta mar.

Las marchas que convergieron en el Centro Histórico de San Salvador, el 15 de septiembre de 2021, sin duda que informan acerca de lo que está pasando en realidad en el imaginario colectivo. Que, bajo ningún punto de vista, debe confundirse con los ‘inputs’ de las redes sociales. Hay muchas preguntas y no hay aún unas respuestas concluyentes. Pero ha iniciado ya un tímido debate sobre el asunto.

¿Esto del 15 de septiembre es el anuncio de grandes acciones de masas frente al estado actual de cosas? Sí es un anuncio, pero más bien es la expresión de un descontento y una desilusión (¡una más!) que dos años y medio atrás constituían (con muchas dudas) esperanza.  ¿Hay novedad en esa expresión masiva del 15 de septiembre o se trata de las mismas marchas de antes? Se parecen, y algunos actores a voz en cuello lo dejan en claro: son de los de antes. Y eso es lógico, porque lo que se eclipsa nunca desaparece por completo, deja sus destellos, y si no que lo digan los actuales partidos políticos que fueron vapuleados en las urnas en febrero de 2019.

Por desgracia, quienes están subidos en el trono (o lomo) de la coyuntura política y parece, solo parece, que dominan todas las teclas del proceso político-social, se les olvida que los hechos de hoy tienen antecedentes. Y en materia de luchas sociales en El Salvador hay una dilatada y variada experiencia que, de cuando en cuando, pasa la factura. Y en esta fase no será la excepción.

El 15 de septiembre hubo dos novedades que no deberían verse a la ligera. La primera es que después de muchos años de acciones ‘controladas’ por las fuerzas políticas dominantes (de todo signo ideológico), en esta ocasión el componente de espontaneidad marcó la pauta. La multitud de demandas, lo tranquilo del discurrir de las marchas y la presencia de segmentos poblacionales no habituales a este tipo de actividades, dan cuenta de algo distinto. La segunda novedad es la que tiene que ver con las frustradas acciones de provocación tendientes a deslegitimar las convocatorias ciudadanas, que solo reflejan lo mal que están leyendo la situación quienes gobiernan en este momento.


Nada está escrito en piedra. El gobierno del nuevo grupo de poder tiene aún un amplio margen de maniobra. Claro, si intenta cosas como las simuladas acciones violentas del 15 de septiembre, se quedará silbando en la loma. ¿Pretenderá armar su propia convocatoria ciudadana para confrontarla con esto que ahora se asoma como desafío político? Habría que ver cómo le va en eso, porque hasta ahora, no obstante contar (si es que los datos de 2019 se mantienen intactos) con un impresionante apoyo electoral, no ha podido mostrar caudal de masas en la calle. ¡Curiosidades de la vida política!

¿El expediente de la represión le resultaría efectivo al actual gobierno? Sería el peor camino a seguir.  El 15 de septiembre ha sido, en muchos sentidos, un momento de iluminación que es necesario comprender sin sesgo. Porque se trató de un ejercicio de ciudadanía que apuesta por la estabilidad política y por la recuperación del tejido social saldando las deudas históricas. Pero, sobre todo, fue una mostración de urgencias que, de no atenderse de modo conveniente, podría desatar tempestades.