Editorial

jueves 8, marzo 2018 • 12:00 am

Monseñor Romero rumbo a los altares

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El Salvador amaneció ayer con el grato anuncio de que el papa Francisco ha aprobado la canonización del primer santo salvadoreño, el arzobispo mártir, Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, un hombre humilde que dio su vida por lo que él llamaba su “Sufrido pueblo”.

“Nunca voy a defender yo, ni nadie católico puede defender, la injusta violencia, aunque proceda del más oprimido. Siempre será una injusticia si traspasa los límites de la ley de Dios”, decía Romero en su homilía del 13 de noviembre de 1977.

“Grito fuerte contra la injusticia pero para decirle a los injustos: ¡Conviértanse! Grito en nombre del dolor para decirle a los criminales: ¡Conviértanse! ¡No sean malos!”

Su advertencia de que “no se puede cosechar lo que no se siembra” y su consecuente interrogante: “¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra República si solo sembramos odio?”, debería resonar aún en los corazones de los violentos y de los que creen en la polarización política.

Romero denunciaba la violencia, las injusticias, la corrupción, la intolerancia y muchos otros males fruto del pecado de los hombres; criticó por igual a derechas e izquierdas.

Que la fe de nuestro pueblo y la intercesión del propio San Oscar Arnulfo Romero, nos unan para traer la tan ansiada paz y reconciliación nacional, así como el fin de todas las formas de violencia que sufrimos.