Solo faltan 10 meses para que acudamos a las urnas y decidamos quien será el nuevo inquilino (temporal) de Casa Presidencial, lugar donde el último presidente de ARENA y el primer presidente del FMLN hicieron excelentes esfuerzos, pero al revés. En lugar de gobernar bien, terminaron enlodando una institución llamada a ser el ejemplo de honestidad en el uso de los recursos públicos.

Opinión

Momento crítico

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 2, julio 2018 • 12:00 am

Compartir

Solo faltan 10 meses para que acudamos a las urnas y decidamos quien será el nuevo inquilino (temporal) de Casa Presidencial, lugar donde el último presidente de ARENA y el primer presidente del FMLN hicieron excelentes esfuerzos, pero al revés. En lugar de gobernar bien, terminaron enlodando una institución llamada a ser el ejemplo de honestidad en el uso de los recursos públicos.

De aquí al 3 de febrero del 2019 el país vivirá, lo que la Embajadora de los EE.UU. denomina “momento crítico”, en el que las personas que aspiran a ser Presidente de El Salvador deberán pasar de las palabras a los hechos en uno de los temas más terriblemente dañinos para gobernantes y gobernados: la corrupción.

Me gusta referirme al tema de la corrupción política, porque siendo la madre de todas las demás corrupciones, requiere de un tratamiento urgente, enérgico, directo y radical, dada la complejidad alcanzada por las operaciones financieras del Estado, el deleznable rol de los entes llamados a ejercer una fiscalización eficaz y el entramado de redes personales y corporativas creadas, que permitieron que se favorecieran con el despreciable, pero altamente lucrativo, modo de hacer fortunas fáciles y adquirir ostentosos estilos de vida.

Hay un par de signos preocupantes que podrían incidir para que el “momento crítico” sea más desagradable; pero al mismo tiempo, es una oportunidad para que el votante reflexivo los pueda analizar sin pasionismo alguno.

1º) No se está haciendo nada para eliminar la partida de gastos reservados de la presidencia. La institucionalidad responsable de fiscalizarlos está impedida legalmente de hacerlo. Si las promesas electorales dicen que van a combatir la corrupción ¿Por qué no se legisla al respecto? ¿Por qué insistir en darle “licencia para robar” a los presidentes? como lo expresa el periodista Rafael Domínguez, en su columna de Diario El Mundo del pasado 27 de junio.

Es un mal viejo, como dice Mauricio Silva en la Revista Factum: “Gastos reservados fueron ocupados por todas las presidencias desde 1986, para pagar sobresueldos al gabinete de Estado, comprar votos en la Asamblea, comprar periodistas, resolver conflictos políticos o lograr gobernabilidad”.


Pregunto: ¿No es tiempo de decomisarle al ladrón, las llaves que abren la puerta para su enriquecimiento ilícito?

2º) Una tiranía en ciernes es otra señal. Un político, amante de los “tarimazos”, tiene fanáticos detestables. Un tal Silvio Aquino ha dicho en redes sociales: “Yo creo que es fácil averiguar dónde vive el señor (Rodolfo) González. ¿Le gustarán las batucadas? Escrache, hay que pasar a la acción directa o esto terminará mil veces peor”.

Nada justificaría que en una sociedad tan polarizada como la nuestra, se promueva el escrache contra ningún funcionario judicial. Ni en su domicilio, lugar de trabajo o cuando se exponga públicamente. No porque tengan corona, sino porque no se debe fomentar el terror psicológico, simplemente porque algunas resoluciones no nos gusten. El mismo sujeto dice que el Magistrado Rodolfo González, aún “no ha visto a un país entero enojado, quizá así entienda de democracia”.

Yo creo que sería un error impedir la participación del señor Bukele utilizando trinquetadas legales. Por un lado, privaría que cientos de miles de ciudadanos liberales y demócratas, expresemos nuestro rechazo al aberrante populismo. Además, dado el visceral odio que el Frente siente por la derecha, nadie podría asegurar que los rojillos no le abrirían brazos y piernas al susodicho, con tal de impedir que la derecha regrese a CAPRES.

De ahí que cobre relevancia rescatar la racionalidad, el buen juicio y el justo medio. Como lo está evidenciando el Partido de Concertación Nacional (PCN), cuya crítica no es destructiva ni polarizante; contrariamente, la hace con sentido propositivo. Incluso, alguno de sus dirigentes hasta menciona nombres de profesionales capaces y honestos que podrían integrar gobierno, en caso prospere su coalición con ARENA.

Concluyo: Entre más propuestas constructivas exprese la clase política, menos intenso será el “momento crítico”.