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Meyson Ascensio: “Fue el padre que nunca tuve” El volante de Municipal Limeño relató cómo ha sido su vida al lado de Octavio Jiménez quien le mostró el camino del fútbol y salir de las calles en que estaba inmerso.

Odir Arriola

jueves 7, enero 2021 • 12:17 pm

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A sus 17 años, Meyson Ascensio vivía en un mundo oscuro. Sin padre, únicamente con su madre, quien padecía múltiples problemas de salud y económicos. La calle, las pandillas y los vicios eran la única salida que el ahora jugador de Limeño veía en su destino. Hasta que se encontró con Octavio Jiménez, quien lo motivó a dejar esa vida, le patrocinó sus inicios en la vida deportiva y ahora, gracias a sus consejos, se encuentra en la Primera División de fútbol. La semana anterior, Jiménez perdió la batalla con el Covid-19.

Yo comencé en la escuela de fútbol de la alcaldía y allí me vieron para que pudiera irme a la escuela de fútbol de ANDA. Sin embargo, yo no podía pagarme los pasajes diarios, que eran al menos $3 dólares al día, desde San José Guayabal. Por medio del alcalde, él (Jiménez) me conoció y me daba $10 dólares diarios, a pesar que necesitaba menos”, relata Meyson.

Con un talento por encima de los demás, pero con una adolescencia con decisiones equivocadas, Meyson relata que desperdiciaba su talento y Octavio Jiménez, quien laboraba para la alcaldía de San José Guayabal, continuamente lo mandaba a llamar para aconsejarlo, de manera que no fuera a perder su vida en las pandillas o en la cárcel.

“Logré jugar en Segunda División y él siempre estuvo allí, nunca dejó de aconsejarme. En segunda división los problemas de pago siempre están y aunque él sabía que yo ganaba algo de dinero, siempre me ayudaba. Me decía que su hijo estaba lejos y yo era como un hijo para él, por lo que siempre me iba a ayudar”, recordó con sentimiento Meyson.

Con nueve años ya de relación, Jiménez y Ascensio vieron cumplido el sueño de llegar a Primera, al Limeño. Y, aunque los ingresos ya fueron más estables y Meyson llevó su vida a La Unión, la relación padre-hijo no se rompió.


“Para la pandemia, ya que los futbolistas nos quedamos sin recibir salario, me vi obligado a poner un puesto de frutas, verduras y así me estuve ganando la vida para esa época. Por cuestiones de salud y pandemia, él no podía venir hasta aquí, ni a San José Guayabal (vivía en Soyapango), pero él me ayudó económicamente. Si viajaba al Guayabal me dejaba algo y cuando yo llegaba lo recogía. Fue el padre que nunca tuve”, expresó Meyson.

La camisa de su debut en Primera División fue lo primero que Meyson dio a Octavio Jiménez, como tributo al apoyo que a lo largo de los años le dio, sin perderle la fe en su talento futbolístico y en la persona que podía convertirse, con disciplina, apoyo económico y también amor.

“Él me salvó la vida. Es como un ángel de la guarda para mí, porque sin sus consejos yo estaría en la calle quizás, en vicios. Fue una gran persona conmigo, también su esposa. Toda su familia para mí es especial. Cada momento de éxito que yo tenga en mi vida será dedicado para él”, asegura el futbolista de Limeño.

El partido anterior, contra Chalatenango, Meyson ya tenía en su mente y en su corazón el fallecimiento de Octavio Jiménez. Su titularidad le hizo exigirse al máximo y se encontró con un gol, que segundos después fue anulado. Asegura que ya había sido dedicado para él y tenía algo preparado junto con el encargado de comunicaciones del equipo unionense. Sin embargo, su gol no subió al marcador y dicho homenaje tendrá que esperar.

“Siempre lo voy a llevar en mi corazón y quizás nunca le di un homenaje en persona, pero yo sé que donde él está me estará viendo y sabrá mis palabras de agradecimiento que siempre tendré hacia él”, concluyó el futbolista.

De acuerdo con las cifras del Gobierno de El Salvador, a través del Ministerio de Salud, son 1,373 los fallecidos por la enfermedad a día de hoy. Empero, esa cifra tiene un significado especial para Meyson: una oportunidad para los jóvenes, sólo una, puede significar el rescate de la vida.