La Biblia, es el único libro que contiene todos los géneros literarios, pero preeminentemente es jurídica, ya que se escribe en un periodo de 1600 años aproximadamente, por más de 40 autores, que dicho sea paso, algunos de ellos nunca se conocieron. Su objetivo era moldear y cambiar la mala conducta de los seres humanos, con leyes de carácter prohibitivas y otras permisivas, para formar individuos probos, rectos y justos, lo cual nunca ha sido fácil, debido ha que las personas son tendientes al mal y por naturaleza se corrompen con facilidad.

Opinión

Más empáticos, menos egoístas

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 11, agosto 2021 • 12:00 am

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La Biblia, es el único libro que contiene todos los géneros literarios, pero preeminentemente es jurídica, ya que se escribe en un periodo de 1600 años aproximadamente, por más de 40 autores, que dicho sea paso, algunos de ellos nunca se conocieron. Su objetivo era moldear y cambiar la mala conducta de los seres humanos, con leyes de carácter prohibitivas y otras permisivas, para formar individuos probos, rectos y justos, lo cual nunca ha sido fácil, debido ha que las personas son tendientes al mal y por naturaleza se corrompen con facilidad.

Por esta razón Dios de Israel, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, le habló a la humanidad para que practique la justicia en todo momento. Y reprendió duramente al pueblo de Israel por la avaricia y las injusticias en Isaías 58:1-7. “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios”

¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?

¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Evidentemente los seres humanos hemos perdido la empatía por los más necesitados y hemos construido en el siglo XXI una sociedad enferma y egoísta.

En la que importa más la imagen de un individuo en las redes sociales, donde se pavonea, lo que viste, lo que come, los viajes, la joyería y los lujos que se puede dar. Ciertamente en un país tan pobre como el nuestro, donde hay miles de salvadoreños sin un techo digno, carentes de agua potable y energía eléctrica y sin empleo fijo, es obscenamente vergonzoso que un funcionario público gane hasta 13,000 dólares al mes, cuando hay cabezas de familia que con dificultad recogen ingresos de 8 dólares diarios para mantener un grupo familiar de cinco personas.

Qué decir de aquel funcionario que sale alardeando las casas de lujos en las que vive o los vehículos de marca que usa, lo mismo ocurre con aquel joven funcionario en la que el chef sale dándole un trozo de carne en la boca, mientras miles de compatriotas terminan la semana a puras sopas instantáneas, es decir que estos excesos son los que criticaron los que ahora detentan el poder, sería bueno que los salvadoreños con mejores posibilidades que otros nos demos siempre un baño de la realidad del país y aprendamos a ser más empáticos con los menos favorecidos.


Recolectar alimentos, frazadas, ropa y zapatos que ya no usamos, para llevarlos a los compatriotas que ahora no tienen un techo donde vivir y que deambulan por las diferentes calles y parques del país, sería un buen ejercicio para llevar un poco de alivio a los hermanos salvadoreños que ahora están agobiados por carecer de lo más básico. De modo que alejarnos del orgullo y de la arrogancia producto de las posesiones que ahora se tienen, nos ayudaría para aprender a ser más humanos y menos egoístas y materialistas.