He de confesar el agrado con que leí el artículo “Acusadores y agresores de Manuela por falta de información”, escrito por el perito que la defensa presentó, en contra del Estado salvadoreño, hace unos días ante la Corte IDH. No me ofende que este apreciable galeno me considere poco digno, en virtud de no ser yo un médico, de tener una opinión informada sobre el caso, porque eso equivaldría a descartarle a él como interlocutor, en tanto columnista, por los errores de sintaxis que comete. Sería una posición infantil de mi parte.

Opinión

“Manuela” y la relación forzada con el aborto Si se insiste en aprovecharse del drama de una mujer para despenalizar el aborto, la justicia y la verdad serán víctimas, otra vez, de la manipulación.

Federico Hernández Aguilar / Escritor

lunes 22, marzo 2021 • 12:00 am

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He de confesar el agrado con que leí el artículo “Acusadores y agresores de Manuela por falta de información”, escrito por el perito que la defensa presentó, en contra del Estado salvadoreño, hace unos días ante la Corte IDH. No me ofende que este apreciable galeno me considere poco digno, en virtud de no ser yo un médico, de tener una opinión informada sobre el caso, porque eso equivaldría a descartarle a él como interlocutor, en tanto columnista, por los errores de sintaxis que comete. Sería una posición infantil de mi parte.

Por tanto, dejando vanidades profesionales a un lado, concentrémonos en argumentos. Eso sí será de enorme provecho para nuestros lectores. (Y cruzo los dedos para que el Dr. Ortiz Avendaño nos honre con su honrada pericia en esta tribuna).

Observo, en primer lugar, que el estimado médico no comprendió el párrafo en que hice referencia al desconocimiento de la “sintomatología de un parto” que afectó a “Manuela”. Mi deducción nace de la descripción que él mismo hizo ante los jueces de la Corte IDH, porque lo que supuestamente llevó a la pobre mujer a la letrina, donde el bebé murió tragando heces, fue el deseo incontenible de defecar. Asumiendo —yo quiero asumirlo aquí también— que ella no deseaba acabar con la vida de su hijo, la única explicación que la exonera es precisamente el hecho que no pudiera dimensionar lo que estaba pasándole.

Aquí deseo invitar respetuosamente al Dr. Ortiz a ser muy cuidadoso en lo que va a responderme, porque en serio puede enredarse y enredar la historia de la persona a la que pretende defender. Si “Manuela” fue capaz de identificar la sintomatología del parto y además, previamente al suceso, estaba consciente de la ley penal vigente, estaríamos delante de la configuración delictual que la Fiscalía, pericia forense en mano, llevó ante los tribunales. Si, por el contrario, “Manuela” fue víctima de la ignorancia —tanto de las leyes como de lo que estaba experimentando el día en que dio a luz a Dolores Gabriel—, su caso ante la Corte IDH tiene alguna viabilidad desde el punto de vista humano.

Porque el Dr. Ortiz tiene absoluta razón: “no fue un caso de aborto”. Punto. Eso queda bastante claro para cualquiera que lo analice con objetividad. Lo de “Manuela”, calificado por la defensa como una “emergencia obstétrica” —algo que, por cierto, desmiente el informe forense—, puede derivar en discusiones muy provechosas sobre las formas en que se aplica la legislación vigente, sobre la actualización de los protocolos médicos o el respeto que merece el secreto profesional y la objeción de conciencia, pero de ningún modo sirve para legitimar una cruzada para desproteger la vida embrionaria.

El mero hecho que el Dr. Ortiz Avendaño y un servidor hayamos podido coincidir en que, como escribí en mi anterior columna, el resultado del proceso ante la Corte IDH “tiene derivaciones forzadas con el aborto”, me parece un avance notable. Despojado su caso de esas connotaciones periféricas —que sirven a otros propósitos—, “Manuela” tiene una oportunidad real de recibir verdadera justicia. Y al revés: si se insiste en aprovecharse del drama de una mujer para despenalizar el aborto, la justicia y la verdad serán víctimas, otra vez, de la manipulación.


Dado que el colega articulista ha prometido un texto sobre las disyuntivas que supuestamente enfrenta la gineco-obstetricia en El Salvador, esperaré a leerlo para referirme a ello. Saludos, Dr. Ortiz.