Joel Antonio Díaz Ponce tiene 34 años de edad, probablemente una esposa e hijos. Ahora, por decisión del Juzgado de Paz de San Luis Talpa y con base a la legislación nacional, yace preso acusado de conducción peligrosa, lesiones culposas en perjuicio de dos personas y homicidio culposo por la muerte de tres personas.

Opinión

Manejemos sobrios, en casa nos esperan

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 2, noviembre 2021 • 12:00 am

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Joel Antonio Díaz Ponce tiene 34 años de edad, probablemente una esposa e hijos. Ahora, por decisión del Juzgado de Paz de San Luis Talpa y con base a la legislación nacional, yace preso acusado de conducción peligrosa, lesiones culposas en perjuicio de dos personas y homicidio culposo por la muerte de tres personas.

La tarde del lunes de la semana pasada conducía un pick up procedente de la playa Costa del Sol en San Luis la herradura, hacia Soyapango, cuando perdió el control y chocó contra un camión con desperfectos mecánicos estacionado correctamente a la orilla del carril. El accidente ocurrió en el kilómetro 39 de la autopista al aeropuerto, en los carriles hacia San Salvador. En el acto resultaron tres personas golpeadas, incluyéndolo a él, así como tres muertos, cuyos cadáveres quedaron entre los hierros retorcidos.

En el aparatoso accidente murieron de inmediato; José Rivas, de 31 años, Carlos Acosta, de 37; y Gabriel Aguilar, de 52. Joel Antonio al ver a sus acompañantes muertos y pese a resultar lesionado intentó escapar, pero logró ser detenido por la Policía Nacional Civil que le efectuó una prueba de alcotest que arrojó 483 grados de alcohol en aliento. Es decir, este tipo conducía borracho.

La reforma al Código Penal de El Salvador sanciona con prisión de cuatro a seis años de cárcel el delito de conducción temeraria o peligrosa. Hasta antes de la reforma, los conductores ebrios eran liberados el mismo día de su presentación ante los juzgados, con la promesa de presentarse a la audiencia inicial, donde les imponían medidas que generalmente no cumplían, tales como dejar de beber, dejar de conducir por algún tiempo y someterse a tratamientos de recuperación. A algunos los enviaban, en contra de su voluntad, a recibir terapias a los grupos de Alcohólicos Anónimos.

Ahora es distinto, porque las reformas, que entraron en vigencia el pasado 16 de octubre, sancionan con prisión de cuatro a seis años en el caso de los conductores particulares y con prisión de cinco a ocho años para los conductores del transporte colectivo. Realmente se necesita ser in idiota para conducir en estado de ebriedad o bajo los efectos de las drogas, sabiendo que puedo pasar hasta seis u ocho años en prisión.

Para algunos las penas de prisión son excesivas pero cuando se ven las fatales consecuencias, entonces nos cambia la percepción. Joel Antonio dejó a tres familia sin sus seres queridos. Su propia familia sufre las consecuencias de su irresponsabilidad.  Cada quien es responsable de todo lo que se le deviene después de que se ha tomado el primer trago o ha consumido una porción de droga. Si él era el conductor, pues simplemente no toma, porque el que toma no maneja.


La ley sanciona con pena de dos a cuatro años de prisión por homicidio culposo y de seis meses a dos años de cárcel por lesiones culposas, aunque también la legislación permite conciliar en estos casos. Hace algunos años un ciudadano asiático, conduciendo sobrio, mató a dos personas y concilió con los familiares de las víctimas pagando casi $100 mil dólares por cada una. Sin embargo he visto casos donde los procesados por homicidio culposo ofrecen $200 dólares o menos a las familias dolientes.

El meollo del problema no es “cuánto” cuestan los muertos provocados por accidentes. Obviamente las vidas son demasiado valiosas y habrá quienes no aceptarían ni todo el oro del mundo por la muerte de un ser querido. El meollo es que esas muertes se pueden evitar. Es cierto que losaccidentes son eventos inevitables, por eso son accidentes. Pero cuando conducimos un vehículo bajo los efectos del alcohol o las drogas, entonces estamos aportando todas las condiciones para generarlos. Prácticamente convertimos el vehículo en un arma mortal de autodestrucción y destrucción a segundos y terceros.

En el caso de Joel Antonio, provocó dolor en siete familias. Tres lloran a sus muertos, tres más sufrirán durante la recuperación de sus lesiones y su familia me imagino que está destrozada al verlo preso por una estupidez. Él mismono creo que pueda dormir tranquilo en las bartolinas, sabiendo que se “despachó” a tres de sus amigos.

Amigos, pueden ser mil años de prisión para quienes conduzcan en estado de ebriedad y bajo el efecto de las drogas. Simplemente no consumamos bebidas embriagantes ni drogas cuando tenemos la responsabilidad de conducir, ya sea un automotor liviano, una motocicleta, un vehículo pesado o una unidad del transporte colectivo. Divertirse es posible sin embriagarse ni doparse. Manejemos con responsabilidad, nuestras familias nos esperan en casa.