Erróneamente atribuido a madre Teresa de Calcuta —quien, como cristiana, bien podría haberlo concebido—, el texto que hoy compartiré con los pacientes lectores de Diario El Mundo pertenece en realidad a un escritor, abogado y académico norteamericano llamado Kent M. Keith, que todavía era un joven estudiante en la Universidad Harvard cuando garrapateó en un papel estas líneas que luego bautizó como “Los mandamientos paradójicos”.

Opinión

“Mandamientos paradójicos” No hay duda que la convivencia humana es, en esencia, un intercambio de mensajes...

Federico Hernández Aguilar / Escritor

lunes 9, agosto 2021 • 12:00 am

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Erróneamente atribuido a madre Teresa de Calcuta —quien, como cristiana, bien podría haberlo concebido—, el texto que hoy compartiré con los pacientes lectores de Diario El Mundo pertenece en realidad a un escritor, abogado y académico norteamericano llamado Kent M. Keith, que todavía era un joven estudiante en la Universidad Harvard cuando garrapateó en un papel estas líneas que luego bautizó como “Los mandamientos paradójicos”.

Ni el propio Keith, entonces de 19 años de edad, podía imaginar el impacto que llegaría a tener su texto, a tal grado que lo olvidó luego de compartirlo con algunos de sus compañeros de estudios. Andando el tiempo, a través de otras personas, se enteró que sus “Mandamientos” eran compartidos por sus viejos camaradas de Harvard y Oxford en diversos congresos, lo que no dejaba de sorprenderle. Pero el asombro llegó a tope en 1997, cuando falleció la madre Teresa y descubrió en una biografía suya que la ahora santa había mantenido colgado por muchos años, en una pared de Shishyu Bhavan, el hogar infantil de Calcuta, un cartel con ocho de aquellos diez “mandamientos” que él escribiera en los años sesenta.

No hay duda que la convivencia humana es, en esencia, un intercambio de mensajes. Positivos o negativos, verbales o gestuales, directos o en clave, los mensajes que transmitimos hacen mucho más que solo compartir nuestros sentimientos u opiniones; algunas veces es con ellos que los demás consiguen hallar sentido a sus propias vidas. Eso fue lo que le sucedió a Kent Keith —hoy presidente de la Pacific Rim Christian University en Honolulú, Hawái— cuando supo que un ser tan luminoso como Teresa había descubierto la grandeza de unas líneas que él había escrito, en realidad, para sí mismo.

He aquí, pues, para quien desee aprovecharlos en su prodigiosa hondura, “Los 10 mandamientos paradójicos” del Dr. Kent M. Keith:

“La gente es irrazonable, ilógica y egoísta. Ámala, de todas maneras.

Si haces lo correcto, la gente te acusará de tener motivos egoístas. Haz lo correcto, de todas maneras.


Si triunfas, ganarás falsos amigos y verdaderos enemigos. Triunfa, de todas maneras.

El bien que hoy hagas se olvidará mañana. Haz el bien, de todas maneras.

La honradez y la franqueza te harán vulnerable. Sé honrado y franco, de todas maneras.

La gente más grande, con las ideas más grandes, puede ser aniquilada por la gente más pequeña, con la mente más pequeña. Piensa en grande, de todas maneras.

La gente prefiere a los perdedores, pero a la larga solo sigue a los ganadores. Lucha por los perdedores que tú elijas, de todas maneras.

Lo que ha tardado muchos años en construir, puede destruirse de la noche a la mañana. Construye, de todas maneras.

Aunque los demás realmente necesiten tu ayuda, puede que arremetan contra ti cuando se la ofrezcas. Ayuda a los demás, de todas maneras.

Da al mundo lo mejor de ti mismo, y te escupirá en la cara… Da al mundo lo mejor de ti mismo, de todas maneras”.