Muchos son los males que envuelven la triste realidad de El Salvador, que dicho sea de paso ya tienen casi dos siglos de estar enquistadas en un sistema estatal corrupto que solo favorece los intereses de los que han venido detentando el poder y el grupo financiero que patrocina las campañas electorales,  a ello se le conoce como la mercadocracia, de modo que la banda presidencial únicamente ha pasado de hombro a hombro, pero los grandes males del país, se ven palpables en cada rincón, es decir que la pobreza y la carencia de oportunidades en condiciones iguales para todos los salvadoreños constituye una deuda política insolvente.

Opinión

Los vivos a señas, los tontos a palos La mayoría de salvadoreños tienden a olvidar pronto su pasado, por esa razón se equivocan una y otra vez al elegir funcionarios públicos que los defrauda

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 24, marzo 2021 • 12:00 am

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Muchos son los males que envuelven la triste realidad de El Salvador, que dicho sea de paso ya tienen casi dos siglos de estar enquistadas en un sistema estatal corrupto que solo favorece los intereses de los que han venido detentando el poder y el grupo financiero que patrocina las campañas electorales,  a ello se le conoce como la mercadocracia, de modo que la banda presidencial únicamente ha pasado de hombro a hombro, pero los grandes males del país, se ven palpables en cada rincón, es decir que la pobreza y la carencia de oportunidades en condiciones iguales para todos los salvadoreños constituye una deuda política insolvente.

Mi madre y mi abuela tenían un dicho “el vivo a señas y el tonto a palos”  haciendo referencia que las personas deben de entender su mal proceder con una mirada o una señal, para cambiar de rumbo, por el contrario la persona  que es tozuda por mas señal que vea, su necedad no le permite discernir que se dirige hacia una leñateada histórica. Igual ocurre cuando un pueblo desconoce su pasado, continúa eligiendo lobos como gobernantes que se han vestido de ovejas, ofrecen una cosa y hacen otra, destituyen a unos y contratan a otros, hablan de corrupción opositora, pero esconden la de ellos.

En otras palabras la mayoría de salvadoreños tienden a olvidar pronto su pasado, por esa razón se equivocan una y otra vez al elegir funcionarios públicos que los defraudan, y ofrecen su confianza sin ninguna garantía, es decir no le exigen a sus gobernantes que actúen apegado a la Constitución y conforme a los más altos valores éticos, para que cuando estén en el poder, no tengan la tentación de utilizar los recursos públicos a favor de su partido político o para contratar a sus parientes y amigos más cercanos.

Evidentemente, esta ha sido la triste historia de nuestro país, desde los gobiernos de Conciliación Nacional, cuando se era gobernado por los militares, en la que prevalecía la prepotencia y las injusticias, de modo que la juventud no podía manifestarse libremente o expresar sus ideas, porque eran aplacados con ira, por estos cuerpos de seguridad, por esa razón surgieron movimientos revolucionarios antisistema, todo ello al final desembocó en un golpe de Estado y luego  en un presidente provisional, el doctor Álvaro Alfredo Magaña Borja, nombrado por la Asamblea, el 29 de abril de 1982. Lo cual suponía un descanso de la turbulencia social  en la que se había sumergido El Salvador.

Al concluir la Constitución de 1983, se esperaba el restablecimiento de la democracia,  es así como se convoca a elecciones en 1984, dando por ganador según balota e  intereses foráneos al Ingeniero José Napoleón Duarte,  se esperaba que no fuera más de los mismo,  sin embargo, se rodeó de una serie de personas que constituyeron su gabinete que eran de dudosa reputación al grado que la corrupción era el pan de cada día en aquel entonces, pese a ello en las elecciones del  año de 1985 el PDC obtuvo 33 diputados de un total de 60, a este efecto se le conoce como la aplanadora verde, donde el PDC hizo lo que quiso en la Asamblea.

Sin embargo, el desgaste por el mal manejo del terremoto de 1986 más la corrupción del gobierno de Duarte, provocó que el partido ARENA en 1988 obtuviera 31 diputados y para 1989 alcanzó la presidencia.  El pueblo dio un voto de confianza al partido ARENA, esperando que hubiera un cambio de rumbo de país y que se generaran las condiciones para favorecer a los sectores más vulnerables país, pero no fue así, aunque El Salvador, mejoró en términos de crecimiento económico, no alcanzó el desarrollo, de modo que los 20 años que gobernó ARENA, se le sumo la corrupción,  la privatización y abusos de los recursos.


De modo que el pueblo le dio la oportunidad al FMLN  en 2009, esperando que gobernara a favor de los más necesitados, no obstante favoreció únicamente a los dirigentes, sus amigos y familiares, los cuales dejaron de vivir en casas de cartón. El pueblo, cansado de tanta mentira y corrupción, le dio la oportunidad al presidente Bukele, y luego de 20 meses en el poder, ahora hay más dudas que certidumbre y un incremento a la corrupción y el nepotismo, a pesar de ello el pueblo continúa dándoles poder en la Asamblea, pero la historia ya los ha juzgado.